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8.12.17

Heroína en sopas y caramelos: cómo los cárteles traspasan las fronteras de Estados Unidos Por Ron Nixon

Una bolsa de caramelos con heroína que fue decomisada por agentes federales. Credit Investigaciones de Seguridad Nacional del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas

El último día de enero de 2014, a los agentes especiales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas les llegó la información: una persona estaba a punto de aterrizar en el aeropuerto de Baltimore con un gran cargamento de drogas.

Unas horas más tarde, los agentes le solicitaron al hombre en cuestión —el guatemalteco Édgar Franco López— registrar tres grandes bolsos de viaje que estaba metiendo en un auto afuera del aeropuerto. Sin embargo, los agentes solo encontraron comida. Así que se la jugaron con una mentira: dijeron que habían encontrado evidencia de drogas en las bolsas y el chofer confesó.

Edwin Quintana Carranza, un mexicano que estaba ilegalmente en Estados Unidos, aseguró que las bolsas le pertenecían y accedió a la revisión; además dijo que las drogas estaban escondidas en las galletas.

López y Quintana eran eslabones clave de una red de contrabando de drogas que se extiende a lo largo de miles de kilómetros desde Guatemala hasta Baltimore, según las actas judiciales y las entrevistas con los agentes involucrados en el caso. Funcionarios estadounidenses señalaron que los miembros del Cártel de Ipala —llamado así por la ciudad guatemalteca donde tiene su base— enviaron a Estados Unidos grandes cantidades de heroína escondida en comida, principalmente: galletas, bizcochos de chocolate, sopas, caramelos y otras golosinas.

En vez de contrabandear la droga por puertos de entrada o a través de la frontera, los traficantes del cártel explotaban las debilidades de la seguridad fronteriza: paquetes enviados por medio del correo, UPS y FedEx; cargas aéreas y viajes en sistemas de transporte que cuentan con relativamente poca seguridad, como el tren Amtrak. Los paquetes tenían sello de fábrica y no mostraban signos de haber sido alterados, lo cual sugería que tal vez el cártel ha tenido acceso a una fábrica de procesamiento de alimentos, señalaron agentes involucrados en la investigación.

El caso pone en evidencia las tácticas cada vez más sofisticadas que emplean las organizaciones de narcotraficantes para evadir los tradicionales sistemas de revisión fronteriza y los muros. Aunque Estados Unidos invierte miles de millones de dólares a lo largo de la frontera mexicana —la principal ruta del tráfico de drogas— como parte de las rigurosas medidas implementadas por el gobierno de Donald Trump en materia de seguridad fronteriza, los traficantes ya encontraron maneras de evitar las cámaras, los drones, los perros antinarcóticos y los agentes en la frontera, aseguraron los funcionarios.

Los agentes señalaron que el grupo también podría haber usado el servicio postal y los paquetes para evitar que los cárteles mexicanos les cobraran por cruzar su territorio.

“Mucha gente piensa que estas organizaciones de narcotraficantes son pandillas, y no lo son. Son un adversario que se adapta mucho”, afirmó Jayson P. Ahern, el excomisionado interino del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas durante la administración de George W. Bush. “Si les cortamos una de sus redes de transporte como en la frontera, de todas maneras seguirán intentando mover su mercancía por otros medios”.





Comida que fue usada para contrabandear heroína a Estados Unidos. Credit Departamento de investigaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas

La investigación de casi tres años sobre la organización trasnacional de contrabando de drogas concluyó este año cuando 23 personas se declararon culpables de intentar distribuir heroína. Las sentencias varían de un año de arresto domiciliario a más de cinco años en prisión. Los agentes también decomisaron 5,2 millones de dólares en heroína e identificaron más de 2 millones de dólares en ganancias producto de la venta de drogas durante un año.

Baltimore lleva mucho tiempo sufriendo el flagelo de la heroína. En esa ciudad de 614.000 habitantes, más de 21.000 personas son adictas, aseguró Leana S. Wen, la comisionada de salud.

El año pasado, casi setescientos personas murieron de sobredosis de drogas en Baltimore, más del doble de los 318 homicidios de los que tienen registro las autoridades locales. La mayor cantidad de muertes se atribuyen a la mezcla de heroína con fentanilo, según el Departamento de Salud de la ciudad: un síntoma de la crisis de drogas que está padeciendo Estados Unidos.
Leer mas: https://www.nytimes.com/es/2017/12/05/narcotrafico-frontera-comida-cartel-ipala-muro-eeuu/

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