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viernes, noviembre 17, 2017

FF.AA. toman control de Zimbabue y régimen de Mugabe se acerca a su fin tras 37 años, Jean Palou Egoaguirre

En medio de una lucha de poder, el Mandatario de 93 años y su esposa están bajo arresto domiciliario. Aunque todo indica que se trata de un golpe de Estado, los militares lo negaron y señalaron que se trata de un "correctivo incruento".

Considerado por algunos como la caricatura del déspota africano, Robert Mugabe, quien a sus 93 años es el Jefe de Estado en ejercicio más longevo del planeta, habría sido forzado por los militares a dejar el poder en Zimbabue, poniendo fin a su régimen de 37 años.

Aunque las Fuerzas Armadas lo desmienten, todo apunta a un golpe de Estado. Los militares confinaron en su casa a Mugabe y a la Primera Dama, Grace Mugabe, arrestaron a por lo menos tres ministros y movilizaron tanques para bloquear los accesos y tomar el control de los principales edificios gubernamentales y de la televisión estatal en la capital del país, Harare.

Pese a estas acciones sublevadas, el vocero castrense, el general Sibusiso Moyo, negó ayer en un discurso televisado que se trate de una asonada para derrocar a Mugabe. "Esto no es una toma militar del gobierno. Lo que estas fuerzas quieren es pacificar una situación degenerada política y socialmente en nuestro país que, si no es tomada en cuenta, podría resultar en un conflicto violento", afirmó el portavoz, quien habló de la necesidad de aplicar un "correctivo incruento", cuyo objetivo son los "criminales del entorno" del Presidente. "No bien cumplamos con nuestra misión, esperamos que la situación regrese a la normalidad", enfatizó, sin aclarar si ello significa que el veterano gobernante -cuya seguridad garantizó- vuelva a retomar el poder.

En medio de la crisis, el Mandatario sudafricano, Jacob Zuma, habló telefónicamente con Mugabe y confirmó que él y su esposa estaban retenidos en su domicilio, pero se encontraban bien. El Presidente, además, exigió a las FF.AA. zimbabuenses que "resuelvan amigablemente el impasse político", y anunció que viajarán al país vecino dos ministros de su gobierno para reunirse con Mugabe y la cúpula militar.

La escalada de la tensión en Zimbabue comenzó la semana pasada, cuando Mugabe destituyó y obligó a irse al exilio a su vicepresidente, Emmerson Mnangagwa, un veterano de la lucha por la independencia -al igual que el Mandatario- que a sus 75 años estaba en la primera línea para sucederlo. El Mandatario lo despidió, acusándolo de complotar para tomar el poder mediante brujerías, pero en realidad se trató de una maniobra para despejarle el camino a su esposa, Grace, de 52 años, quien no esconde su deseo de sustituir a su marido llegado el momento.

Las gestiones de Mugabe, quien pese a su avanzada edad ya había dicho que se presentaría a una nueva reelección en las elecciones del próximo año, provocaron la reacción del jefe de las FF.AA., el general Constantine Chiwenga, quien el lunes advirtió que se tomarían "medidas correctivas" si continuaba lo que consideró una "purga" de los miembros veteranos en el partido oficialista, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF).

Los militares han dado varias señales de que son partidarios de que Mnangagwa o alguno de los líderes de la guerra por la independencia suceda al Presidente. Y al contrario, se oponen a un gobierno encabezado por Grace Mugabe, quien lidera una facción del ZANU-PF de funcionarios de entre 40 y 50 años -el llamado G-40-, que no lucharon contra el dominio de la minoría blanca en la antigua Rodesia, y además, es muy impopular entre la población por sus extravagantes gastos en mansiones, vehículos y joyas, en uno de los países más pobres del mundo.

"Los eventos que ahora han obligado a Mugabe a dar un paso al costado tienen su origen en su esposa loca y furiosa, que por miedo a perderlo todo comenzó años atrás a deshacerse de cualquiera que pudiera representar una amenaza a su poder una vez que muera Mugabe", explica a "El Mercurio" Linda Freeman, experta en política de Zimbabue de la Universidad de Carleton, en Ottawa. Según la académica, ya en 2014 comenzó una purga contra figuras que tenían apoyo popular, y existen sospechas de que Grace Marufu -quien fue secretaria de Mugabe antes de convertirse en su segunda esposa- incluso intentó envenenar a Mnangagwa, a quien le lanzó duros ataques verbales para desacreditarlo. "La intención de Mugabe era nombrarla Vicepresidenta y de ahí Presidenta", asegura.

De guerrillero a dictador
Existe consenso entre los analistas que, dados los últimos acontecimientos, es muy improbable que vuelva a gobernar Mugabe, el único Presidente que ha conocido Zimbabue desde que en 1980 el país se independizó de Gran Bretaña. El astuto dirigente, a quien se le da crédito por haber pasado 10 años en prisión y liderar en los años 60 y 70 la guerra de guerrillas contra el régimen colonialista blanco de la ex Rodesia, estaba obsesionado con aferrarse a como dé lugar al poder, usando violencia y represión, probablemente también por el temor de que lo pudieran someter a juicio por crímenes cometidos en el pasado.

"Solo Dios, que me ha nombrado, puede destituirme", dijo Mugabe cuando en 2008 desconoció el triunfo electoral de su rival. Pero él insistía, contra toda evidencia, que era reelegido democráticamente: "Si la gente dice que eres un dictador (...) entonces uno sabe que están diciendo eso simplemente para manchar y socavar tu estatus", afirmó en 2013.

En los últimos años, sin embargo, ya mostraba una evidente debilidad física, por su edad. Se quedaba dormido y tropezaba en los actos públicos, y sus estancias en el exterior daban pie a especulaciones sobre su estado de salud. Varias veces, incluso, se le dio por fallecido. "Es correcto. Ya estaba muerto, pero como siempre renací", dijo el año pasado el Mandatario, quien aspiraba a gobernar hasta superar los 100 años.

En Zimbabue ya estaban resignados a que Mugabe solo muerto se iría del poder. La idea de un golpe militar era impensable. Pero la crisis por su sucesión cambió todo. "Al despedir a Mnangagwa terminó alienando al ejército, que era su principal fuente de poder", comenta Freeman. "Así que no me sorprende la acción de las FF.AA. No logro ver otra solución a sus diferencias, y el ejército ya había dejado claro que no podía apoyar ni a Grace ni al G-40".

EE.UU. expresó su preocupación por la "intervención militar en el proceso político" de Zimbabue y confió en que se logre una resolución "rápida".

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