En el año 1969 y con motivo de celebrar los 400 años de la fundación de Maracaibo, contando desde su segunda fundación a cargo de Alonso Pacheco en 1569, la Fundación Belloso no encontró una mejor forma de homenajear a la centenaria ciudad que publicando una antología bastante voluminosa de la obra del poeta Udón Pérez.
De acuerdo con ese criterio, fueron necesarios 400 años para que esta ciudad portuaria, lacustre, creara al poeta capaz de nombrarla, lo que, al mismo verso, es una forma de crearse a sí misma.
De tal forma que, si homenajear a Maracaibo equivale a homenajear a Udón, agraviar al poeta tiene que ser necesariamente un agravio a la ciudad. El robo y posterior fundición de la estatua que se encontraba en el liceo de la avenida Santa Rita que lleva su nombre es, más que un acto de vandalismo, un agravio a Maracaibo.
Si aquí la ley es el desorden, el abuso, la indolencia y la ingrata indiferencia de quienes gobiernan. Si la basura se acumula en calles y avenidas, la mayoría de los semáforos no funcionan, el rayado de las vías públicas no existe y los huecos que las acribillan son de antología. Si las aguas servidas corren su pestilencia a cielo abierto, las plazas y parques son monte y zancudos y del alumbrado público sólo cuelgan penumbras ¡en fin! Sí aquí no parece haber gobiernos o no les importa la ciudad ¿por qué no chatarrear la estatua del poeta? ¿A quién le importa?
Supongo que los que se robaron y fundieron la estatua de Udón no lo vieron a él, a su poética maracaibera, a su verso lacustre y su ejemplo de ciudadano, sino que vieron el vil metal del que estaba hecho el monumento con el que la ciudad lo recordaba. No se diferencian mucho de quienes teniendo alguna función de gobierno no ven realmente a Maracaibo sino el vil metal que la ciudad les representa. Ciudad de chatarreros.
Pero para que vos veáis lo que Udón significa para Maracaibo y viceversa, te cuento que cuando Jesús Enrique Lossada dio el discurso con el que reabrió la Universidad del Zulia en 1946, en ese preciso momento en que se enalteció la academia, el genio maracaibero admitió que “no son exclusivamente los profesionales, los portadores de títulos científicos, quienes integran la superior cultura de los pueblos” y puso como ejemplos a Udón y a Octavio Hernández, a quien aún le debemos la estatua.
Aún más, ¿vos te acordáis de la gaita de Renato Aguirre, Aquel zuliano, de acuerdo con la cual cuando la ciudad duerme lo hace con un bardo, con un poeta, en su regazo? Renato se refiere a Ricardo –creo yo- pero también puede ser Udón o Yepez o Armando Molero, en todo caso, la idea de que ciudad y poeta son una aleación galvanizada es un hecho incuestionable.
Esa estatua, ese montón de bronce con la forma de Udón, debió representar para los maracaiberos mucho más de lo que representó para quienes la destruyeron. ¿Y no es la misma historia de siempre? ¿El esmeril de hoy no es la piqueta que ayer tumbo las casas? ¿El soplete, la pata e’ cabra, la mandarria con la que a diario hacen pedazos la tradición, la historia y con ella el gentilicio y su forma de decirlo, de cantarlo, de vivirlo?
¿Y esta sequía de versos que al perecer tenemos, ésta escases de gaitas, de décimas que también padece Maracaibo, no tendrá que ver precisamente con eso? Con que la ciudad ya no puede crear a un Udón Pérez, ni siquiera puede conservar su estatua.
Vos sabéis que, de acuerdo con Luis Ferrer, Maracaibo responde a los agravios con flores: Cuando la tarde se sonrojó de celos al ver a nuestra tierra tan bella y quiso montar querellas vistiendo policromías, nuestra tierra se sonrió y para calmar su enojo hizo con caldos y abrojos un ramillete de estrellas y con ellas hizo más bello al cielo.
Ojalá que ante estos nuevos agravios, ante estos nuevos zarpazos de la ingratitud y la indolencia, a Maracaibo aún le queden versos con los que pueda responder.
Leer también: Piden a la escuela “Julio Árraga” una réplica de la estatua de Udón Pérez - Keila Vílchez Boscán
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