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sábado, agosto 06, 2016

Venezuela, o las sobras del banquete del Mercosur - Por: Marcelo Cantelmi

La comparación que hace un diplomático sudamericano a este cronista es filosa y brutal: "El Mercosur es la mesa después del banquete, todavía con sobras en los platos y las copas tiznadas por los restos de vino. Y ahí aparece Venezuela que trastabilla aferrada al mantel de esa mesa". La controvertida ofensiva del chavismo por ocupar la presidencia protempore del bloque es una señal de endurecimiento y encapsulamiento del régimen, tan endeble por cierto como el propio organismo sudamericano.

No es el único dato de ese giro. Más importante aún ha sido el nombramiento de comandante Néstor Reverol en el ministerio del Interior. Esta designación es un mensaje con múltiples niveles. Constata el fortalecimiento de la figura del "halcón" Diosdado Cabello, a diferencia del presidente Nicolás Maduro, mucho menos permeable a las presiones externas y a cuya mesa chica pertenece el nuevo ministro.

Al mismo tiempo, configura un portazo a las tibias negociaciones emprendidas con EE.UU. al nombrar a uno de los cinco militares venezolanos que la DEA incluye en sus listas del narcotráfico. El no tan conocido cartel de los Soles, por la insignia en la chaqueta y cuyo liderazgo, se sugiere, ejercería Cabello.

También, es un mensaje hacia el interior del país. Reverol condujo la Guardia Nacional Bolivariana, que junto a las milicias bolivarianas son una fuerza de cosacos para garantizar represión implacable si las penurias de la gente encienden una rebelión. Nadie en Venezuela puede asegurar similar disciplina del resto de las Fuerzas Armadas tradicionales, cuya oficialidad joven, como ya ha señalado esta columna, está tironeada entre la verticalidad y el desconsuelo de sus familiares y amigos por la arrasadora crisis económica y el desabastecimiento generalizado.

Ese país caótico, donde la gente no sabe ni qué ni cuánto podrá comer cada día, y en el cual se despedazó el equilibrio de poderes, es el que sostiene que no deberían existir objeciones para asumir el mando del Mercosur.

Existen ahí dos fuertes circunstancias. La ausencia de un balance institucional, la colonización de la justicia y el retiro de toda jerarquía al Parlamento sólo porque los venezolanos votaron que lo conduzca la oposición, descompone el sentido democrático del cual alardea el régimen. Son fallas que no se le perdonarían a un modelo que fuera o hiciera que es de derecha. El chavismo que hace que es de izquierda construye con esa artimaña una peculiar extorsión que impide incluso observar con claridad la identidad real del experimento venezolano más cercano al último Mussolini que al proclamado socialismo popular.

Venezuela entró al Mercosur por la claraboya, aprovechando la suspensión impuesta a Paraguay por el impeachment a Fernando Lugo y cuyo Congreso no daba el aval. En el bloque, recordemos, las decisiones se toman por consenso. Pero hoy no solo Asunción objeta. Se suman Brasil y Argentina, además de Uruguay que antes habían bendecido este ingreso peculiar además porque Caracas nunca adaptó su sistema arancelario al de sus nuevos socios. En el Mercosur, es cierto, no hay condiciones especiales para el pase del mando rotativo. Pero el artículo 27 del protocolo sí establece que las decisiones no sólo serán consensuadas sino "con la presencia de todos los Estados partes". Y eso es precisamente lo que no está ocurriendo. El chavismo ha cometido un error al lanzarse de este modo, porque lo exhibe con la debilidad de no poder convocar siquiera una reunión de técnicos del grupo, y asistir desde la distancia a las cumbres que se irán sucediendo entre el resto de los socios para asumir alguna solución.

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