Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

viernes, julio 15, 2016

¿Cómo resolver la crisis de abastecimiento en Venezuela?; por Ricardo Hausmann

Fotografía de Ricardo Peña, de su serie Penínsulas.

Érase una vez un pueblo que obtenía el agua a través de una tubería que lo conectaba a un lago que quedaba a cinco kilómetros de distancia. Un buen día, la tubería se obstruyó en su fuente. Y durante muchos días el pueblo siguió viviendo como si nada: se bañaba, cocinaba, lavaba la ropa, regaba el jardín y limpiaba los carros como siempre lo había hecho, pues había cinco kilómetros de agua en el tubo. Algunos alertaron que venía una crisis pero los acusaban de catastrofistas y exagerados: al fin y al cabo las cosas seguían como de costumbre. Pero un día la tubería se secó y el pueblo entró en serios problemas: la normalidad cotidiana se hizo imposible. No había agua ni siquiera para beber.

¿Qué hacer? Unos proponían traer agua desde el lago con camiones cisterna, pero en el pueblo no había un número suficiente de camiones como para hacer una diferencia sustancial en el suministro de agua. Otros proponían arreglar la obstrucción en la fuente, pero no sabían bien cómo eliminarla y, aun eliminada, tendrían que esperar un buen tiempo hasta que la tubería se volviera a llenar de agua en sus largos cinco kilómetros de longitud. Y mientras eso ocurría, ¿cómo iba a sobrevivir el pueblo?

Este relato ficticio captura los dilemas que enfrenta la realidad de la economía venezolana hoy. El agua en la tubería son los inventarios de productos importados (materias primas, insumos intermedios, repuestos). Dejó de entrar agua al tubo en su fuente porque el gobierno creó un sistema con el cual sólo se podía importar con sus dólares y luego decidió dejar de otorgarlos. Aquello fue producto de un conjunto grande de decisiones políticas que son la causa fundamental de la crisis actual: las distorsiones cambiarias, los controles de precios, las expropiaciones, el manejo desastroso de PDVSA, el endeudamiento desenfrenado en años de vacas gordas, la pérdida de acceso a los mercados financieros, la no reestructuración de la deuda y la negativa a entenderse con los organismos financieros internacionales, entre otras. Pero lo cierto es que, aun si se arreglaran todas estas cosas, ¿cuánto tiempo tomaría volver a llenar el tubo? ¿Cómo puede sobrevivir el pueblo durante ese período?

Y estas dos preguntas ayudan a definir las áreas de política que es menester atender.

La primera tiene que ver con los mecanismos bizantinos de control a las importaciones que existen en Venezuela. Para importar hay que pedir un certificado de no-producción y luego hay que pedir la autorización de divisas. Pero, como los suplidores extranjeros han perdido la paciencia esperando que les paguen lo que les deben, ahora exigen que el importador les pague de contado antes de embarcar la mercancía. Después hay que esperar que el barco llegue. Una vez que baja la carga al puerto hay que esperar por los servicios de aduana venezolanos, que según los indicadores de Doing Business del Banco Mundial están rankeados en el puesto 186 de 189 países, siendo sólo mejores que los de Sudán del Sur, Libia y a Eritrea. Luego de aproximadamente un mes con el contenedor languideciendo en el puerto, finalmente se obtiene la mercancía. Pero a partir de allí hay que esperar 180 días más para obtener la Autorización de Liquidación de Divisas (ALD). Y, cumplido todos estos plazos, el gobierno no paga.

Este mecanismo de control de cambios implica unos requerimientos gigantescos de capital de trabajo para las empresas, prácticamente un año de importaciones: la tubería necesita muchísima agua antes de que pueda salir algo del otro lado. En consecuencia, las empresas prefieren trabajar con mucho inventario para evitar que fluctuaciones en el acceso a las divisas afecten su producción. Justo lo contrario del “Just In Time” que recomiendan los enfoques modernos de producción. Por esto demoró tanto entre el recorte de las importaciones y el colapso de la producción, pero por eso también duraría mucho tiempo entre volver a conectar el tubo y que llegue agua del otro lado. Y esta tubería que tenemos es bastante ineficiente.

Además del mecanismo de control de cambios, existe un mecanismo de control de precios que reduce aún más los incentivos a importar. Imagínese usted que tiene una fábrica de papel higiénico y le está pagando a sus trabajadores, ha pagado por sus instalaciones, pero le falta la pulpa de papel. Se pregunta usted: “¿Es negocio importar la pulpa, fabricar rollos de papel higiénico, venderlos y pagar las importaciones de pulpa?” Y eso depende de a qué precio puede usted adquirir las divisas, comprar la pulpa y vender el producto. Si usted no es demasiado ineficiente, logrará encontrar un precio de venta del producto que sea comparable al de la competencia y que le permita hacer rentable la producción. Sin embargo, si el gobierno le fija el precio a las divisas, pero no se las da, y le fija el precio al producto, pero ese precio no cubre el costo del dólar en el mercado paralelo, y si además es ilegal operar en ese mercado, entonces se queda usted sin producir y el público sin papel higiénico.

Y esto no es un caso hipotético ni un relato ficcional: Kimberly-Clark acaba de anunciar su retiro de Venezuela.

Leer mas: http://prodavinci.com/2016/07/14/actualidad/como-resolver-la-crisis-de-abastecimiento-en-venezuela-por-ricardo-hausmann/

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