(Una versión de este trabajo fue publicada el 19 de Junio de 2015 en el semanario del periódico Tal Cual de Caracas, Venezuela)
Las noticias difundidas en la prensa internacional sobre la entrevista de una y hora y media entre Thomas Shannon, asesor del secretario de Estado norteamericano John Kerry, y el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, en Haití, el pasado 13 de junio, se distinguieron por su escasez o total ausencia de análisis. Las principales agencias noticiosas registraron la reunión coincidiendo en que los gobiernos de Washington y Caracas intentan mejorar sus relaciones. Y las únicas relaciones que preocupan a las dos administraciones, señalaron, son las económicas.
Los corresponsales de The Wall Street Journal, The Financial Times, The Economist, o The New York Times en Caracas no mencionaron la entrevista pues carece de todo interés, excepto para las empresas afectadas por el derrumbe de las finanzas venezolanas.
Un periodista usa fuentes para conseguir información adicional, y obtener aunque sea una vaga idea de lo que “transpiró” en las conversaciones. Y en este caso, los personajes reunidos no tenían intención alguna de que transpirara ni una gota de lo discutido. Quizás para no alarmar a los mercados.
La consultora Stratfor Global Intelligence aventuró un análisis señalando que tras las trifulcas entre Caracas y Washington, las tres reuniones de Shannon con funcionarios venezolanos a partir de abril coinciden con un momento en que “las finanzas públicas” del gobierno bolivariano are stretching thin. Una traducción no literal indica que la cuerda se estaría rompiendo por lo más delgado. Ambas partes de la ecuación, indicó el análisis, estudian “concesiones potenciales, antes de adoptar decisiones substanciales”.
Al parecer, el gobierno de Nicolás Maduro quiere que la administración de Barack Obama anule una orden ejecutiva que impuso sanciones contra siete funcionarios “presuntamente involucrados en la violación de los derechos humanos”. En cuanto al gobierno de Washington, reclama al chavismo estabilidad política, que incluiría fijar la fecha de las elecciones legislativas y liberar a los prisioneros políticos.
Eso, al menos, en el primer plano de las relaciones. Pero en el fondo, Washington reclama a Caracas que no siga arrastrando los pies a la hora de pagar las deudas con los proveedores norteamericanos, que “sincere” la economía, acabe con las distintas cotizaciones del dólar, y aumente el precio de la gasolina.
De acuerdo a Stratfor, hay dos alternativas ante el derrumbe venezolano: “una transición suave” en el campo político y económico, “o un colapso desorganizado de la economía”. (Este corresponsal apuesta a lo segundo).
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