Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, junio 24, 2015

Nación, metrópoli, municipio - MARCO NEGRÓN

Esa concentración sin precedentes de población en asentamientos de alta densidad no sólo demanda servicios públicos de nuevo tipo sino formas innovadoras de prestarlos, aumenta las fricciones entre los grupos sociales, complica las relaciones entre la naturaleza y el espacio construido y puede elevar exponencialmente la vulnerabilidad de la aglomeración

El siglo XX puede definirse como el siglo de la urbanización: si en sus inicios menos del 6% de la población mundial vivía en asentamientos mayores de 100 mil habitantes, al finalizar casi la mitad era urbana y había más de 400 ciudades de más de un millón de habitantes distribuidas en todos los continentes, resultado de procesos que adquirieron gran intensidad después de la segunda guerra mundial. Pero el siglo XXI será el de la expansión metropolitana: para 2050 una población urbana de 6.400 millones más que duplicará la de 2000. El impacto se concentrará en dos continentes de población predominantemente rural durante el siglo pasado: África, cuya población urbana pasará de 300 millones a 1.200 millones, y Asia, donde pasará de 1.400 millones a 3.400 millones; en un tercero, América Latina y el Caribe, ya altamente urbanizado al final del siglo pasado, la población urbana pasará de 400 millones a 600 millones. Entre los tres albergarán el 82% de la población urbana mundial.

Al lado de esta extraordinaria transición demográfica está ocurriendo, y en las zonas de más antigua urbanización desde hace mucho- un profundo cambio de carácter cualitativo: la transformación de las ciudades tal como las conocimos en el pasado en una nueva forma de asentamiento, las denominadas áreas metropolitanas, cuya caracterización más aceptada es la de un área construida, extensa y contigua, integrada por una o más frecuentemente varias jurisdicciones locales, formada a lo largo de procesos incrementales de urbanización e incluso conurbación, conteniendo no menos de cien mil habitantes y a menudo bastante más de un millón.

Esa concentración sin precedentes de población en asentamientos de alta densidad no sólo demanda servicios públicos de nuevo tipo sino formas innovadoras de prestarlos, aumenta las fricciones entre los grupos sociales, complica las relaciones entre la naturaleza y el espacio construido y puede elevar exponencialmente la vulnerabilidad de la aglomeración, todo lo cual termina resumiéndose en la necesidad diseñar una nueva gobernabilidad que requerirá, sin duda, el establecimiento de novedosas formas de relación social. Su crecimiento es imparable, pero bien manejadas, como lo comprueban numerosos ejemplos, se convierten en los motores más eficaces del crecimiento y del desarrollo social y económico.

De acuerdo a aquella definición, al comenzar este siglo, Venezuela contaba con más de 30 áreas metropolitanas que concentraban el 66% de la población; en las 4 mayores de 1 millón de habitantes vivían 6 millones de venezolanos, el 26% de la población nacional. Sin embargo, aunque la Constitución de 1999 permite que dos o más municipios «con características de área metropolitana» puedan organizarse como «distritos metropolitanos», el concepto se ha usado sobre todo con fines estadísticos y, con la relativa excepción del Área Metropolitana de Caracas, se ha avanzado poco en términos de organización y gobierno de esa nueva realidad urbana. La falta de claridad, quizá más exactamente la extrema confusión en la materia, lo ilustra el muy diferente carácter de los únicos dos distritos metropolitanos legalmente constituidos al día de hoy: el Área Metropolitana de Caracas, con una densidad de 4.144 hab/km2, y el Distrito Metropolitano del Alto Apure, cuya densidad no alcanza los 6 hab/km2.

La verdad es que entre nosotros, y no sólo en estos años oscuros, la cuestión metropolitana ha sido tratada con extrema negligencia tanto desde el poder nacional como desde el municipal, seguramente porque ambos ven amenazadas algunas de sus cuotas de poder tradicionales por esa nueva forma de organizar la ciudad. Pero esa realidad es indetenible y seguir ignorándola sólo conducirá a nuevos y peores fracasos que, por último, pagaremos los ciudadanos.

@marconegron

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