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| Jesús Urbieta |
La pasión por la política, la lucha social y la actividad sindical aparecen en el “Catire” Urbieta desde temprana edad. Comenzó su militancia en la Juventud Comunista siendo estudiante de la Escuela Técnica Industrial nocturna mientras trabajaba de día en una empresa que se dedicaba a la distribución de rollos de película para los cines caraqueños, razón por la cual se incorporó al sindicato del cine.
Desde entonces, aquel espigado hijo de emigrantes vascos inició una actividad ininterrumpida en el campo laboral y en la promoción de sus convicciones.
Jesús Urbieta aprendió sindicalismo, durante la década del 1960, de la mano Eloy Torres, Rodolfo Quintero, Cruz Villegas, Laureano Torrealba, Carlos Arturo Pardo, Luis E. Ramírez, entre otros. Años de riesgos, de constante aprendizaje, de lecturas y búsqueda permanente de información para enriquecer el debate que, por fortuna, nunca desapareció.
Aquellos lejanos días forjaron sólidas amistades que, en el caso de Urbieta ocuparon un lugar privilegiado; de allí su estrecha relación de familiaridad con Ciro Tovar, mejor conocido como el negro “Pancho”, un muchacho de San Agustín que por aquellos años violentos, además de iniciarse en labores sindicales tuvo tareas y responsabilidades en el frente militar. “Es como un hermano para mí, es mayor que yo y nunca ha ido a visitar un médico”, me decía siempre Jesús.
Urbieta fue una persona solidaria que se esforzaba por ayudar a todo aquel que requería de un auxilio. Colaboraba sin esperar nada a cambio. Creía en los amigos, y como muestra de ello exhibía con orgullo en sus oficinas del INAESIN una foto con dos de sus más cercanos afectos: Alfredo Padilla y José Manuel Blanco Ponce. Ese retrato informaba el valor que daba a la fraternidad y al compañerismo.
Era una persona sencilla, directa, que supo ver las consecuencias prácticas que encerraban las confrontaciones. Varias veces estuvo en el centro de ellas y sus puntos de vista se convirtieron en referencia. No en vano su liderazgo en el sector sindical del MAS se mantuvo con mucha fuerza. Pero genéticamente estaba hecho para el trabajo en equipo y se resistía a la figuración personal.
Formó parte de dos grandes luchas, dentro del MAS, para dejar atrás la tradición comunista. Una, el retorno del MAS a la CTV de donde la mayoría de los dirigentes de ese partido habían sido desalojados. La otra, la asunción de la referencia socialdemócrata avanzada como un elemento indispensable para desarrollar una identidad moderna y democrática para el MAS.
Como directivo de la CTV en 1979 fue seleccionado para ser el representante de los trabajadores en el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) y entre sus principales acciones adelantó el establecimiento de un acuerdo con esa entidad cultural para acometer distintas actividades, como la creación de talleres de formación artística para los trabajadores o la unidad de investigación sobre la historia del movimiento obrero. Al frente de este convenio CTV-CONAC estuvo en un primer momento José Manuel Blanco P. y luego fue sustituido por el dirigente sindical de FETRASALUD Manuel Reverón.
Fue un acierto de los líderes sindicales cetevistas haberlo seleccionado para dirigir el Instituto de Altos Estudios Sindicales INAESIN. Con un alto grado de responsabilidad asumió ese nuevo reto. Desde un primer momento se hizo acompañar de profesionales preparados y competentes, quienes con abnegación y dedicación han realizado una labor encomiable. Centenares de cursos, estudios laborales y la publicación de algunos trabajos sobre historia del movimiento sindical venezolano llevan el sello de esta institución.
Una vez que se produce su inevitable separación del MÁS, no titubeó cuando lo ofrecieron su ingreso al buró sindical de AD. No solo conquistó el respeto y consideración de la veterana dirigencia sindical socialdemócrata, sino también la de los cuadros medios y de base. Por eso la Dirección Nacional de AD y su actual militancia siempre sintieron orgullo de tener a Jesús Urbieta como su Segundo Vicepresidente.
Durante su dilatada trayectoria sindical, en varias oportunidades Urbieta representó a los trabajadores en congresos de la OIT y por dos años fue del Consejo de Administración de esa institución. Convencido de la importancia de estos organismos internacionales siempre estuvo atento a las demandas introducidas por el sindicalismo venezolano ante la OIT. Mención especial merece la permanente preocupación que Urbieta mantuvo por la demanda introducida a favor de los más de 20 mil trabajadores petroleros que de manera criminal, inhumana y bochornosa la autocracia militarista despidió, sin derecho a la defensa y secuestrándoles sus prestaciones sociales.
Mantuvo un esforzado empeño en realizar las elecciones sindicales para renovar la dirigencia sindical. Supo sortear las provocaciones y los frecuentes obstáculos que colocaba el oficialismo. Dialogaba y debatía permanentemente con sus compañeros sindicalistas.
Durante estos últimos 16 años Urbieta trabajó afanosamente por la unidad de los trabajadores y la reconstrucción del sindicalismo, por el dialogo social, por el rescate de la democracia y la libertad de nuestro país. Le preocupaba la existencia de presos políticos y la numerosa cantidad de compatriotas que se han visto obligados a tomar el camino del exilio. Mientras pudo, le brindó solidaridad a Carlos Ortega, le angustiaban las limitaciones por la que estaba atravesando en Lima su compañero de luchas sindicales. En paralelo, como correspondía a un dirigente curtido en la lucha política, que sabía de la importancia de evaluar errores; desde el INAESIN promovió un debate descarnado sobre los sucesos de abril de 2002 y su impacto en el movimiento sindical. Mantuvo una posición crítica respecto de acciones opositoras, signadas por el desespero de provocar una “salida rápida” en lugar de la actividad cotidiana por construir una mayoría consistente, siguiendo la ruta democrática, pacífica y electoral. En ese contexto, y siguiendo opiniones de Jesús Urbieta, el sindicalismo venezolano tiene el enorme reto de unificar a los trabajadores en la defensa de sus derechos e intereses, sin distingo de siglas o colores, a la par de recuperar su autonomía e independencia y lograr, volver a ser, un interlocutor que garantice que la reconstrucción del país se haga con equidad y justicia social.
@ferinconccs
*Para una información más detallada sobre la arremetida del régimen contra el movimiento sindical entre 1998 y 2001 sugiero leer: Rincón Noriega, Fredy. Crónica de una victoria (1998-2001) Caracas,INAESIN, 423p.

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