Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

sábado, junio 13, 2015

Freddy y Dieterich

La congregación de viejos amigos, de nobles y probados luchadores democráticos de rostro severo, me arranca este absurdo pensamiento: Freddy no tendrá la cortesía de responder a mi presencia en su velorio, asistiendo al mío.

Hombre de fuertes pasiones que trataba de gobernar generalmente con éxito mediante razones, no era Freddy el arquetipo de la amistad fácil.

En la célebre ruptura polémica de los dos intelectuales más importantes de la posguerra, le dice Sartre a Camus: “Nuestra amistad no era fácil, pero si usted ha decidido romperla, será porque debía ser quebrantada”.

Razones políticas había para que luego de 10 años de estrecha amistad, estos dos vehementes escritores franceses se fueran a las greñas. No hubiera sido necesario: contra lo que en principio llegó a creerse, el hundimiento del comunismo revelaría cuánta verdad había en Camus en su ruptura con el totalitarismo soviético.

Sartre elogió con elocuencia a su fustigado Camus al enterarse del accidente que lo llevó a la muerte, junto con Galimard, editor de ambos.

Freddy y yo tuvimos una larga y fecunda amistad, probada en la persecución y la convivencia carcelaria, seguida de separaciones desagradables y finalmente reconstruida en una poderosa rivolta fraternal, al punto de escribir a dos manos (o "cuatro" para ser precisos) un libro y prometernos escribir otro, proyecto ahora fatalmente cancelado.

Pasiones no nos faltaban, pero nuestro compromiso político no permitió que se desbordaran a la manera de Sartre y Camus. Sin aspirar a la cumbre de estos grandes escritores, los aventajamos en el culto a la amistad por sobre diferencias políticas, a la larga siempre circunstanciales.

Hablaré del libro que escribimos, publicado por la editorial ALFA en 2007. Se explica el título de esta columna porque nuestro tema fue la crítica más rigurosa del socialismo del siglo XXI, esa cebolla que, deshojada paso a paso, termina en vacío, oquedad, nada.

El modelo lo construyó Chávez; sus escombros los reúne Maduro. El nombre del flamante socialismo que amagó con volver a la carga después de la caída del Muro, proviene de Heinz Dieterich, el profesor germano-mexicano de la UNAM.

Y más que el nombre, su contenido. Dieterich tiene el mérito de ser el único en pasar de palabras a hechos. Sin renunciar en absoluto al marxismo, quiso incorporar otras esencias espirituales: Bolívar, Zamora, Rodríguez y Jesús el Cristo, de quien el evangelio, según San Juan, reproduce: “Mi reino no es de este mundo”.

Por eso es abusivo ponerlo a encabezar causas políticas. ¡Y no obstante helo aquí, "al frente del chavismo"! Imposible exponer en una breve columna de prensa el fundamento de nuestros argumentos, dirigidos especialmente a rebatir razonadamente a Dieterich.
Lo que pondré de manifiesto es cuánto vigor argumental exudó mi amigo Freddy, desmintiendo así que estuviese en plan de retiro.

De mi relación con Heinz quedó un malentendido. Mientras se retardaba la edición, se produjo un fructífero intercambio electrónico entre Heinz y yo a través del cual nos entendimos mejor: Dieterich hacía críticas conceptuales al chavismo.

Fijamos un encuentro personal que nunca se produjo porque ­supongo- finalmente el escrito se editó con críticas hechas "antes" pero leídas "después" de mi correspondencia con Heinz.

¡Cuánto le hubiera gustado a Freddy, amante del debate sin concesiones, participar en esa inesperada secuela de nuestra compartida obra!

www.americomartin.com

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