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| Raul Castro, presidente de Cuba. Reuters |
Dada la edad de Raúl, 84 años, habrá otra sucesión en el futuro cercano. La pregunta crítica no es qué reformas económicas podrá introducir Castro, sino qué viene después de él.
José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del Partido Comunista, también tiene 84 años y los observadores de Cuba no lo ven como el próximo líder. Si Miguel Díaz-Canel, de 55 años, el primer vicepresidente de Cuba, asciende a la presidencia, probablemente sea un títere “civil” que los generales podrían presentar a la comunidad internacional.
Raúl fue el jefe de las fuerzas armadas durante cerca de 50 años y ahora, como líder del país, ha nombrado a quienes fueron oficiales suyos en el Ejército y a miembros de familias militares en cargos del gobierno y la industria. Un escenario posible es que cuando él se vaya se produzca un retroceso a una dictadura militar como la de Cuba bajo Batista, Brasil entre 1964 y 1985 o Egipto en la actualidad. Otro resultado, igual de perturbador, es posible.
Según ciertos cálculos, incluyendo el del Instituto para Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba controlan cerca de 70% de la economía. Grupo de Administración Empresarial S.A (Gaesa), el holding comercial del Ministerio de Defensa cubano, está involucrado en todos los sectores clave de la economía. A través de subsidios del gobierno, la empresa está profundamente insertada en turismo, comercio minoristas, minería, agricultura y energía, además de empresas conjuntas con inversionistas extranjeros.
Raúl, por supervivencia y no por ideología, ha introducido algunas tentativas reformas económicas, a la vez que continúa expandiendo la metamorfosis de sus oficiales en hombres de negocios. Algunos ven esto como un avance en el que los guerreros cambian sus armas por calculadoras. ¿Pero qué significa esto para el futuro de Cuba cuando la era de Raúl llegue a su fin y los militares queden en control de la política y la economía?
En un sistema en el que las empresas son controladas y gestionadas por el Estado, los militares transformados en empresarios disfrutarán de los privilegios de la clase dirigente. Sin embargo, no pasará mucho tiempo antes que la élite militar se dé cuenta que gestionar las empresas estatales sólo ofrece beneficios limitados. Ser dueños de las compañías es una opción mucho más lucrativa.
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