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Republica del Zulia
Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.
viernes, septiembre 05, 2014
Maracaibo / MARIANO NAVA CONTRERAS
Hace pocas semanas, a propósito del cumpleaños de Caracas, nos preguntábamos qué es lo que hace que una ciudad sea tenida por capital de otras. En aquella oportunidad llegamos a la conclusión de que, más que una decisión política o económica, más que el desencadenamiento de una serie de hechos históricos muchas veces fortuitos, lo que hace que una ciudad sea tenida como principal es su capacidad para encarnar una cultura, una forma de ser, de mirar y sentir el mundo, y desde luego transmitirla a sus ciudadanos, hacer partícipes de ella a todos los que la habitan o se encuentran bajo su influencia.
Y lo dicho para Caracas también vale para Maracaibo, porque si bien sabemos que la capital de los zulianos no lo es de todo el país, nadie podrá negar la influencia que ella ejerce en buena parte del occidente venezolano. Para cualquiera que observe con detenimiento un mapa de Venezuela, es evidente que Maracaibo estaba llamada a ejercer una decisiva influencia sobre las regiones que la rodean. Ubicada estratégicamente en el estrecho que comunica al segundo lago más grande de Sudamérica con el mar Caribe, la ciudad controla todo el tráfico marítimo que entra y sale llevando y trayendo mercancías. Durante la Colonia, el siglo XIX y aún parte del XX, por Maracaibo tenía que pasar la rica producción de café y de cacao, a más de infinidad de productos venidos del interior del lago, de los Andes venezolanos y parte de lo que hoy es Colombia. En Maracaibo se molía el café, se negociaba y se embarcaba rumbo a Nueva York, Londres, Amberes o Hamburgo. Después, cuando Venezuela se convirtió en el primer exportador de petróleo del planeta, por Maracaibo tenían que pasar, y todavía pasan, los supertanqueros con destino a las refinerías de todo el mundo. Esta importancia geográfica no debió resultar inadvertida para aquellos exploradores alemanes que la fundaron por primera vez, ni para los conquistadores españoles que la refundaban y reconstruían cada vez que los nativos rebeldes y recelosos la venían a destruir.
Claro que todo esto incidió en la formación de una cultura propia con el lago como protagonista. Una tradición liberal basada en la producción y el comercio. Los maracuchos se acostumbraron pronto a tratar directamente con sus clientes extranjeros, un poco al margen de los controles y regulaciones del gobierno central. Eso desde siempre, y resulta comprensible el que las elites zulianas hayan mirado con desconfianza los movimientos independentistas caraqueños de comienzos del siglo XIX. Tampoco debe extrañarnos el que autócratas y tiranos que abundan en nuestra historia se hayan llevado siempre tan mal con el Zulia, y hayan sentido tanto resquemor de los anhelos autonomistas en una tierra tan rica. Parece que fue Guzmán Blanco quien dijo que convertiría a Maracaibo en "una playa de pescadores". Aún hoy, en el Zulia, la palabra "centralismo" es especialmente una mala palabra.
Leer mas en: http://www.eluniversal.com/opinion/140905/maracaibo
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