El calentamiento global es una de principales amenazas de la actualidad. Ya se ha producido un aumento en la temperatura promedio del planeta de cerca de 1°C sobre el promedio de la época pre‐industrial. Las tendencias actuales apuntan hacia un aumento catastrófico entre 3°C y 5°C para finales de siglo, propiciando condiciones planetarias desconocidas por la humanidad, derritiendo las masas de hielo tanto en el Ártico como en la Antártida, elevando varios metros el nivel del mar y acidificándolo, sacrificando buena parte de las formas de vida que hoy conocemos, generando hambrunas, desatando guerras y fenómenos climáticos como inundaciones, sequías, huracanes y tormentas con frecuencias e intensidades nunca antes conocidas.
En la cumbre de jefes de estado de Copenhague en el 2009, se acordó evitar que la temperatura aumente más de 2°C sobre el promedio de la época preindustrial para finales de siglo. Según la NASA, un aumento de temperatura de 2 °C no se ha registrado en la Tierra en los últimos 800.000 años (NASA, Columbia University Earth Institute, 2013).
El calentamiento global es principalmente consecuencia de un modelo de desarrollo basado en el consumo de energía fósil: petróleo, gas y carbón mineral, fundamentalmente. Sobre esta plataforma se desarrollaron y fortalecieron las economías de los países industrializados. Las economías emergentes y los demás países en desarrollo tratan de emular tales procesos en su lucha por mejorar sus niveles de vida y superar la pobreza.
Como producto de la actividad humana, en la actualidad se emiten gases de efecto invernadero que superan los 50.000 millones de toneladas de CO2‐equivalentes cada año. Desde 1900 se han emitido 1.4 billones (millones de millones) de toneladas de CO2 sólo por el consumo de energía fósil. El 72% provino de países industrializados, el 28% de países en desarrollo. En los países industrializados se encuentra el 18% de la población mundial. A esta minoría, más rica, más industrializada, con mayores recursos económicos y tecnológicos, le corresponde la mayor parte de la responsabilidad por las consecuencias que hoy enfrenta toda la humanidad.
Para que el aumento de temperatura no supere los 2°C, la concentración de CO2 en la atmósfera no debe superar las 450 partes por millón (ppm). La concentración de CO2 pasó de 285 ppm a inicios del siglo 20 a 400 ppm a inicios del 2014. Una concentración de CO2 superior a 300 ppm no se había presentado en los últimos 800.000 años (NASA, Columbia University Earth Institute, 2013).
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