El crecimiento de la economía venezolana en el primer semestre de 2013, de 1,60 por ciento del PIB, pone de manifiesto su tendencia al deterioro, dado que en los últimos 14 años el crecimiento real promedio ha sido de tres por ciento aproximadamente. En el segundo trimestre de este año, de acuerdo a cifras poco confiables del BCV, la economía creció 2,6 por ciento a pesar de una caída de la inversión del 2,9 por ciento, que contrasta con el crecimiento de esa variable en similar período del 2012 que llegó al 14,9 por ciento.
El consumo público y el privado están creciendo con menos fuerza que el año precedente. Las cifras del primer semestre del 2013, ponen de manifiesto una economía estancada tanto en la actividad petrolera como en la no petrolera. Los sectores productores de bienes presentan cifras preocupantes: un decrecimiento del 23,9 por ciento de la minería, un crecimiento de solo 0,5 por ciento en manufactura, las cifras del sector agrícola se desconocen y la construcción decreció un 3,8%. Solo en el sector terciario se observan cifras de crecimiento en la banca (27,5%), comunicaciones (6,4%), comercio (3,6%) productos y servicios del Gobierno (31%). El sector transporte decreció 1,6 por ciento.
Solo aumentan las importaciones del sector público (25,1%), porque las del sector privado cayeron 9,6 por ciento. El valor de las exportaciones petroleras y no petroleras han sido menores que las de 2012. Solo crecemos en los sectores que no compiten con las importaciones. Los sectores con potencial exportador vienen en picada.
Esta situación de estancamiento de la economía revela que el modelo del socialismo del siglo XXI es un rotundo fracaso. Que es necesario ponerle fin al programa de “transición al socialismo y radicalización de la democracia participativa y protagónica”, porque está destruyendo no solo a la economía sino a toda la sociedad.
Solo cuando hagamos realidad el artículo 299 de la Constitución podremos superar la crisis actual. En consecuencia, solo si “el Estado, conjuntamente con la iniciativa privada”, promueve el desarrollo armónico de la economía, respetando los principios de justicia social, eficiencia, libre competencia, productividad y solidaridad, saldremos adelante.
Y esto no tiene nada que ver con el modelo económico del socialismo del siglo XXI: es simplemente, una economía social de mercado como lo ordena la Carta Magna.
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