Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

jueves, julio 04, 2013

Una difícil despedida / SIMÓN GARCÍA

La revolución se fue con Chávez. Las ilegitimidades que afectan al gobierno (la ética, la de gestión, el extravío de su justificación social y las dudas sobre su origen) están degradando el proceso hacia una retrovolución. La fragmentada cúpula roja no se está batiendo por un proyecto sino por quién se quedará con el mango del poder en una reyerta entre dos bandos que pactan para proteger el botín común y se acuchillan para que el otro pierda fuerza.

El castigo de las crisis a toda la población está generando una irritación creciente que disminuye su tensión a través de la irrupción de puntuales y desarticuladas protestas. Las políticas gubernamentales no logran aliviar estos graves problemas porque más bien insisten en remachar el modelo de economía y democracia que ha fracasado aquí, en Cuba y en Pekin.

El norte de este modelo no es una sociedad más justa y productiva sino la aplicación de una estrategia de apoderamiento absoluto del Estado y de sumisión de la sociedad a un poder único. Durante más de una década la hegemonía roja ha ido venciendo las resistencias democráticas en casi todas las instituciones.

Ahora mismo estamos asistiendo a una restricción severa de la libertad de expresión y del derecho a una información veraz y plural. El riesgo neototalitario está abierto.

El gigante no goza de buena salud, pero es un gigante. Lo está carcomiendo por una parte la incontrolada y protegida corrupción y por otra su inutilidad para convertir los altos precios petroleros en bonanza social al alcance de todos. Se ha tambaleado en abril, pero está intentando restablecer su legitimidad, esforzándose en crear la imagen de que ahora sí se va a enfrentar la inseguridad y la corrupción o admitiendo la necesidad de acuerdos con sectores empresariales bajo la condición de que no se metan en política.

Las fuerzas de cambio, simbolizadas en el liderazgo de Capriles y en la MUD, han experimentado un avance colosal. En menos de seis meses convirtieron una desventaja de once puntos en un empate que ha puesto en cuestión los resultados suministrados por el CNE. La tendencia más importante y esperanzadora se expresó en el dato de los 800 mil venezolanos que modificaron su preferencia política y electoral.

Una tendencia que persiste y a la que hay que abrirle espacios de diálogo y entendimiento, confrontando a los enchufados y despolarizando abajo.

La comprensión de que estamos escenificando un combate por el país que queremos y no sólo por ponerle la mano a Miraflores exige recuperar una dimensión básica de la política, su función de pedagogía cívica, de explicación de lo que está en juego y de fortalecimiento de motivos y razones para aclarar cuáles intereses y objetivos apoyar.

Pero como nadie aprende en cabeza ajena, el desafío de la nueva generación de dirigentes reside, en una buena medida, en su creatividad para inventar formas de participación que hagan que la gente convierta la política en uno de sus intereses y no deje su propia suerte en manos de quienes son o hemos sido políticos de profesión. Lo nuevo en la política debería ser su socialización.

Para poner de pié un proyecto alternativo de país los partidos son necesarios, pero no suficientes. Hay que tejer una solidaridad entre partidos, organizaciones populares que aún subsisten y representantes de diversas expresiones del mundo de la producción y de la cultura.

El postchavismo no llegó para quedarse. Pero su adiós puede prolongarse, especialmente si la premura nos ciega para asumir las luchas de hoy mirando hacia lo más lejano.

@garciasim

Tal Cuál

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