Cuando los jóvenes del recordado mayo francés del siglo XX, salieron a protestar, la represión del gobierno no se hizo esperar y por supuesto ardió París, las calles explotaban, las paredes hablaban y entre otras expresiones apareció la célebre frase: ¡Prohibido Prohibir! Aquella generación siempre recordará y muchos de ellos ahora desde las cómodas butacas burocráticas del poder, la también inolvidable expresión de Jean Paul Sartre, quien se atrevió a conminar a las autoridades, a que los dejaran protestar, porque si protestaban era porque estaban desesperados y la desesperación muchas veces es un arma poderosa para tomar el poder. Y precisamente a esta constante del sentir colectivo de los pueblos, es a lo que le temen quienes desde el gobierno nacional, disfrazados de corderitos socialistas, aterran con el peligro de las “calles ensangrentadas” por la derecha, para justificar sus posturas fascistoides, de negar todo derecho a la protesta.
También al inicio del siglo pasado y sin ir muy lejos, cuando el país era un solo bostezo de recuas de mulas con carnavales, Ángel J Márquez, Jovito Villalba, Rómulo Betancourt, Gustavo Machado, José Pio Tamayo y Juan Bautista Fuenmayor, entre otros, le respondieron con protestas y actos callejeros, al dictador más feroz de los gobernantes del país, Juan Vicente Gómez. Precisamente fueron los aguerridos jóvenes de la Juventud Comunista, Acción Democrática, URD y Copey, quienes bajo la conducción de las jefaturas de sus partidos, desde la calle dieron al traste con los diez años del oprobio perejimenista; de tal manera que aquí y en el mundo, las movilizaciones de las grandes muchedumbres, han sido siempre el gran motor de los cambios, que la misma sociedad ha venido produciendo desde mucho antes de la existencia del Estado.
Estas cavilaciones, pudieran verse como fuera del contexto histórico, pero precisamente han sido traídas a colación, porque en el seno de las fuerzas opositoras, muchas veces por presiones al chantaje oficialista, de ver en toda movilización popular, la repetición del errático golpismo de los días de abril o porque erradamente piensan que solo la acción electoral, será suficiente para acumular fuerza y desalojar en los procesos respectivos, a los que detectan el poder. Más de 5.000 protestas en el pasado 2012, no pueden pasar desapercibidas, a pesar de los esfuerzos del gobierno en evitar que las mismas, sean asumidas como un todo por sus protagonistas y de esa forma darse cuenta de la fuerza que representan, si hubiese una coordinación y solidaridad entre los distintos movimientos protestarios.
La marcha en apoyo al conflicto universitario, la persistencia en el paro y el combate social por sus reivindicaciones concretas, han derrotado las pretensiones del oficialismo, de reprimir y judicializar con sentencias absurdas, derechos que están consagrados en nuestra constitución. La combinación sabia, paciente, firme y decidida de protestar, marchar y votar cuando haya que hacerlo, es la única alternativa que le queda a las fuerzas democráticas y progresistas del país, lo otro seria presentar combates en el terreno que sólo al gobierno y a los sectores radicales de la derecha y de la izquierda que existen en la oposición y en el oficialismo les favorecería.
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