Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, octubre 27, 2010

Sin miedo al pasado / FERNANDO H. CARDOSO (*)

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva pasa por momentos de euforia que le hacen inventar enemigos y enunciar mentiras. Para ganar su guerra imaginaria, distorsiona lo ocurrido en el gobierno de su antecesor, se vanagloria en la comparación y sugiere que si ganara la oposición sería el caos.

Detrás de esas bravatas está el personalismo y el fantasma de la intolerancia: Sólo yo y los míos somos capaces de tanta gloria. Hubo quien dijo: "El estado soy yo". Lula diría: "Brasil soy yo". Ecos de un autoritarismo más apegado a la derecha.

Lamento que Lula se deje contaminar por impulsos tan toscos y peligrosos. El posee méritos de sobra para defender la candidatura que quiera. Dos pasos adelante en lo que fuera plantado por sus antecesores. ¿Para qué, entonces, bajar al nivel de la política del disimulo y la mentira?

La estrategia del petismo lulista es simple: destruir al enemigo principal, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y a Fernando Henrique Cardoso (mucha honra para un pobre marqués).

¿Por qué seríamos el enemigo principal? Porque podemos ganar las elecciones (presidenciales, en octubre).

ESTRATEGIA ANTE EL ENEMIGO

¿Cómo destruir al enemigo? Negando lo que éste haya hecho de bueno y apoderándose de todo lo que se haya heredado de él, como si siempre hubiera sido propio.

¿Dónde está la política más consciente y benéfica para todos? Esta escasea.

En la campaña habrá un lema -el gobierno del Partido de la Social-Democracia Brasileña (PSDB) fue "neoliberal"- y dos objetivos principales: la privatización de las empresas estatales y la supuesta inacción en el área social. Los datos dicen otra cosa.

Pero los datos, ahora bien, los datos... Lo que importa es repetir la versión conveniente. Hace tres semanas, Lula dijo que recibió un país estancado, sin plan de desarrollo.

Se olvidó de la estabilidad de la moneda, de la ley de responsabilidad fiscal, de la recuperación del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social, de la modernización de Petrobrás, que triplicó su producción desde el fin del monopolio y, presionada por la competencia y beneficiada por la flexibilidad, llegó al descubrimiento del manto presalino.

Se olvidó del fortalecimiento del Banco de Brasil, capitalizado con más de 6.000 millones de reales y, junto con la Caja Económica, liberado de la politiquería y recuperado para la ejecución de las políticas del Estado.

Se olvidó de las inversiones del programa Brasil Avanza que, con menos alarde y más eficiencia que el Programa de Aceleración del Crecimiento, permitió concluir un número mayor de obras esenciales para el país.

Se olvidó de las ganancias que representó para el pueblo brasileño la privatización del sistema Telebrás, con la democratización del acceso a Internet y a la telefonía celular, del hecho de que Vale privatizada le paga al gobierno más impuestos de lo que éste llegó a recibir en dividendos cuando esa empresa era estatal; de que Embraer, actual orgullo nacional, sólo pudo dar el salto después de ser privatizada, de que esas empresas continúan en manos brasileñas, generando empleos y desarrollo para el país.

(*) Fernando Henrique Cardoso, sociólogo y escritor, fue presidente de Brasil del 1º de enero de 1995 al 1º de enero de 2003

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