El dibujo del perfil revolucionario, o mejor dicho, la tentativa creadora del intelecto revolucionario por explicar ese nuevo ser representativo que encarne o materialice al Socialismo del Siglo XXI, parece que no va por buen camino. En parte, porque el discurso transita por un lado, y el hombre detrás del discurso huye en rápida carrera de ese perfil que pretende imponerle a otros: a los ingenuos que aún creen en la posibilidad de tocar esa utopía, alguna tibia mañana de este siglo. Sin embargo, desde esa perspectiva no hay mucho que rescatar de este tema. El único provecho parece estar fuera del alcance de esa diatriba.
Seguramente puede ayudarnos a despejar realmente de qué estamos hechos los venezolanos.
Lo que sí está clarísimo es que esta revolución le pide a sus seguidores todo aquello que sus líderes no están dispuestos a dar. Una cosa es lo que demanda discursivamente esa revolución, que le dice en qué debe convertirse usted si quiere ser revolucionario y otra muy, muy distinta es la que ostenta cada uno de los revolucionarios de esta revolución. Ambos grupos están en aceras diferentes.
En niveles desiguales. Unos demandan sacrificio, otros son los que efectivamente pagan la necesaria cuenta que siempre se debe pagar en estas gestas revolucionarias. Y claro, esas cuentas las paga cualquiera, menos el líder ni sus aliados más cercanos.
El revolucionario no debe tener ambiciones, ni propiedades. Debe ser frugal en sus consumos, alejado del macabro juego de la oferta y la demanda, abstemio, que el veneno social no moje sus labios nunca.
Debe ser solidario en sus miserias; que no se queje del desempleo ni de la inseguridad, que se cure con una pastillita única de factura cubana que le cura todo. Que se conforme con estudiar en universidades sin profesores pero con beca. Que haga cola para todo, que necesite sólo lo que el gobierno le dicte que son sus necesidades, y un largo etcétera.
Mientras, en la otra acera, se pasean los líderes revolucionarios que no hacen cola en ningún lado, que se movilizan siempre dentro de sus anillos de seguridad, y por eso no entienden eso de la violencia ni de la inseguridad ciudadana. Los que no dejan de celebrar con ostentosas reuniones cualquier evento personal a fuerza de escoceses mayores de 18 años. Cuyos hijos estudian fuera del país y son atendidos en privados centros de salud.
¿Cual es el perfil entonces de esta revolución? Sencillo, usted haga lo que le digo, no lo que yo hago. Cumpla la ley que le fijo, sin importar que el gobierno violente constantemente la Constitución nacional. Báñese sin agua y no use perfumes, sin juzgar el monto presupuestario de los gastos del tocador presidencial. Prenda una vela, es más romántico que prender un bombillo, aunque sea ahorrador. Para qué quiere una casa más grande, no, mantenga a toda la familia unida en una sola habitación si es posible. ¿Ropa? Ahí le va su franelita, lea, dice: "se habla revolucionario".
Tal Cual digital
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