El evento del 3 de enero no solo significó una posibilidad de cambio positivo para nuestra Venezuela sino también el inicio de nuevos rumbos en el continente y más allá que anuncian o presagian cambios significativos en la geopolítica regional.
La primera consecuencia que ya se percibe con claridad es el debilitamiento y eventual caída de los regímenes socialistas no democráticos que hasta ahora tienen estrechos lazos de comunicación ideológica y política con el chavismo/madurismo. Ello ya se empieza a ver con Cuba cuya dependencia casi existencial de los insumos provenientes de Venezuela, en condiciones altamente favorables, la pone hoy en situación muy comprometida al punto de que, a partir de esa fecha, se ha visto privada de los envíos petroleros que con perfecta regularidad fueron despachados a la isla en condiciones prácticamente de regalo.
Esos envíos juntamente con algunos otros han venido constituyendo una línea de dependencia casi total en el plano energético cuya descontinuación hoy ya viene generando perjuicios cada vez más serios que han puesto a la isla al borde del colapso.
En efecto, apenas transcurridas horas de la “extracción” de Maduro y que quedara claro que la nueva política se originará ahora desde Washington, fue que tanto los buques -legales o sancionados- cargados con hidrocarburos venezolanos debieron modificar sus rumbos de forma que Cuba quedara -como en efecto quedó- aislada completamente de los suministros energéticos que hasta el momento venían alimentando una actividad ya bastante comprometida.
A los apagones causados por la obsolescencia de los equipos de generación disponibles ahora se suma, además, una escasez que amenaza toda la actividad productiva. Vehículos, fábricas, etc., más un marcado descenso en la actividad turística que ofrece oportunidades de trabajo, contribuyen a la disminución de los ingresos, a lo que se agrega la cancelación de vuelos externos por falta de combustible.
Es cierto que Mexico -cuándo no- procura aliviar la situación pero -por lo que se sabe- ello apenas alcanza para cubrir parte del déficit haciendo casi desesperante la vida de la gente, ya acostumbrada a la carencia crónica de todos los insumos. Además, las misiones médicas al exterior que tanto prestigio y divisas aportaron, ya tiene sus dificultades para continuar operando.
Sin abrir juicio sobre la legalidad internacional o no , este y otros factores contribuyen a que la acción externa y la diplomacia cubanas -otrora ejemplo de mercadeo y eficiencia- no disponga ya de los medios para poder llevar adelante esos programas que en su momento fueron íconos de la geopolítica regional, a través de los cuales se adelantaba buena parte de la subversión continental como elemento de geopolítica.
Lo anterior más los ya numerosos cambios de orientación habidos en el continente permiten albergar la esperanza de que no demorará un cambio en la situación de Cuba, y pronto después Nicaragua.
Además de la influencia regional de Cuba, han venido quedando en evidencia algunos silencios muy ruidosos.
Nos referimos a las muy discretas o nulas reacciones de quienes hasta ahora habían venido proveyendo soporte verbal y material a una Venezuela decidida a subvertir el status quo regional. En efecto, los grandes aliados del socialismo del siglo XXI (Rusia, China, Irán, etc.) que hasta ahora habían destinado importantes recursos para asegurar una cabeza de playa en el continente americano, ahora apenas si emiten alguna que otra declaración condenando lo condenable, pero sin exceder el volumen necesario que asegure que el status quo no se descarrile. Ni Rusia, ni China ni Irán han ofrecido más que palabras de aliento y solidaridad, pero más nada.
A estas horas parece que la influencia de Washington en nuestro continente -con o sin Doctrina Monroe- está consolidando un área geopolítica consistente con la idea de esferas de influencia que en el Hemisferio Occidental parece gestarse en el marco de los valores que nos han sido tradicionales.
La realidad comentada en estas líneas no impide que en otras partes del mundo los mismos, u otros actores, sigan acometiendo acciones en otras áreas de influencia geopolítica (Europa, Medio Oriente, Asia, etc.) destinadas a satisfacer distintas aspiraciones.

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