miércoles, julio 01, 2026

DEFINICIONES Y LIBERTAD Por Douglas Zabala



Dos hechos se han sobrevenido sin advertencia previa. Una ha sido los mortales terremotos que han quebrado la geografía nacional y el alma venezolana. La otra, la nueva coyuntura política impuesta por la fuerza de los hechos y el nuevo país que ha surgido después del devastador crujir de nuestra tierra.

 

No se trata solo de un relevo en el poder. Se trata de que el actual régimen, por su propia naturaleza clientelar y autoritaria, es un obstáculo insalvable para cualquier intento serio de recuperación. Ellos provocaron una devastación planificada que ha reducido el ingreso nacional a escombros. La historia registrará estos 27 años no como una revolución, sino como un gran terremoto institucional, económico y social.

 

El tiempo constitucional es irreversible, y el tic tac del nuevo cuadro político le impone que su salida debe realizarse ya, si no quieren correr el riesgo de un gran cataclismo social tan devastador como aquel Caracazo del 27 de febrero de 1989 que ya presagiaba el colapso del sistema anterior.

 

Si Trump y sus consorcios petroleros quieren seguir bailando al ritmo de nuestra explotación petrolera, deben asumir que se agotó el gobierno tutelado de los hermanos Rodríguez y que, previo a una convocatoria a elecciones presidenciales, se debe dar paso a la creación de una nueva administración del estado. 

 

La salida más expedita es la constitución de una Junta de Gobierno que asuma la conducción del país hasta que el pueblo venezolano pueda elegir democráticamente sus nuevas autoridades públicas que regirán los destinos de la nación en las próximas décadas.

 

El exilio político; y con ello, nuestra líder de la oposición María Corina Machado, quien ha manifestado su deseo de volver, lo saben. Ya no tienen excusas para seguir alentando la lucha desde las plazas públicas de los países que le han dado acogida.

 

Hoy nuestro dolor se mantiene y la solidaridad hacia las victimas del terremoto está en la principal prioridad, pero la Venezuela que se levanta entre los escombros no quiere más tutelajes; exige institucionalidad, trabajo y libertad. La hora de las definiciones ha llegado.

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