lunes, junio 22, 2026

EL PROGRESISMO EN CRISIS Por Douglas Zabala



A finales del siglo XX se inició el esplendor del izquierdismo en América Latina. Daniel Ortega en Nicaragua, Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia López Obrador en México, Rafael Correa en Ecuador, los Kirchner en Argentina, Pepe Mujica en Uruguay y Lula en Brasil. Todos estos gobiernos llegaron por la vía electoral. Hoy, sin embargo, el progresismo se tambalea. Y el domingo pasado, Colombia dio el campanazo que puede sellar su epitafio.

 

La segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026 fue la más ajustada en la historia electoral colombiana. Con más del 99% de las mesas informadas, el ultraderechista Abelardo de la Espriella obtuvo el 49,7% de los votos frente al 48,7% del izquierdista Iván Cepeda. La diferencia fue de apenas unos 250.000 sufragios. Una cifra récord de casi 13 millones de colombianos acudió a las urnas, pero el país amaneció partido por la mitad, como admitió el propio presidente Gustavo Petro.

 

De la Espriella, un abogado penalista de 47 años sin experiencia política previa, respaldado por Donald Trump, celebró en Barranquilla el inicio de una "nueva era". Prometió mano dura contra narcotraficantes, terroristas y corruptos, y anunció el fin de las negociaciones de paz con grupos armados. Su discurso, alineado con el de Nayib Bukele o Javier Milei, representa no el retorno de la derecha tradicional que gobernó antes de Petro, sino una nueva derecha radical.

 

El mismo progresismo defendido por mí, durante toda mi militancia izquierdista y que floreció al filo del milenio, ha perdido fuerza en casi toda la región. México, Brasil y Colombia eran los últimos bastiones de la izquierda en Latinoamérica. Con la derrota de Cepeda, el mapa político continental gira decididamente hacia la derecha. El ciclo que abrió Chávez, que se expandió con López Obrador, Lula y que tuvo su última gran expresión en Petro, parece cerrarse.

 

El progresismo vive su peor crisis y Colombia, por ahora, es el espejo de un continente que cambia de rumbo entre el estruendo de las urnas y el rumor de las protestas.

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