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lunes, febrero 16, 2015
Socialismo del sXXI: presente y futuro - Miguel Aponte
¿Cómo entender la política económica del socialismo del sXXI y sus consecuencias? ¿Por qué un modelo así necesariamente tiene que fracasar? ¿Cómo, sin este esfuerzo previo, alcanzar una nueva “visión de país” para Venezuela? Comencemos por el propósito: hay que forjar una visión que reinserte la nación en el contexto mundial; sí, esta consideración previa es fundamental porque un componente esencial del discurso del régimen consiste en el maniqueísmo, palurdo, vulgar, de que un supuesto enemigo externo –el imperio– impedirá para siempre la autonomía de Venezuela, otra mistificación más que solo busca la inmovilización mental de un ciudadano desprevenido.
Contradictoriamente, el régimen, en el imaginario trastornado de un Chávez megalómano, se vio a sí mismo como la futura potencia mundial del socialismo y por eso desplegó una estrategia de exportación del “modelo”; en realidad, imperdonable despilfarro de recursos de todos los venezolanos. Así que el supuesto antiimperialismo escondía en realidad ambiciones imperiales. Por otro lado, más contradictorio aún, la relación que el chavismo ha mantenido con Cuba y China, por sólo citar dos ejemplos, es el de agencia colonizada; expresa un tipo de dominación en el que el papel de doncella sometida toca siempre al régimen: con Cuba, como colonia política alienada a más no poder persiguiendo una “isla de la felicidad” que ni Fidel se cree. Con China, como jefe militar y FMI particular de una Venezuela al servicio de sus metas capitalistas. Entonces, ¿estos imperialismos sí son buenos?
Pero ocurre que con el argumento imperialista se exacerbó una fiebre enfermiza de falso nacionalismo y un “soberanismo” que, en la medida en que se desvincula de toda visión universal, se constituye en un mezquino elemento identitario muy útil a la visión totalitaria del régimen: militarista, sectario, antidemocrático y carente total de visión económica, más allá de repeticiones mundialmente fracasadas. La economía particularmente es el ámbito que delata la estafa pues no permite escondite: los resultados están ahí, por más que quieran ocultar las colas en los sótanos.
Ocurre además que la tesis imperialista hizo falta para sostener que el “socialismo venezolano del sXXI” tenía que ser “único”, a riesgo de perder la nación. Es la tesis absurda detrás de un “plan de la patria” que pretenden “ley” y que, con ceguera psicótica, sólo es posible si se anula toda crítica y si se impone con “gas del bueno” y balas de verdad-verdad.
Pero, respóndase usted mismo, ¿qué futuro puede tener un modelo así? Respuesta: el único previsible, un pueblo anulado y sometido a una burocracia a su vez sometida a alguna jefatura extranjera. Ahora bien, dígase usted, ¿quién iba a llamar “futuro” a esta pesadilla militarista?
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Este empeño por durar contra viento y marea tuvo costos altísimos. Al final, la vieja revolución sovietica estaba exhausta, aunque seguía presentándose como antídoto igualitario frente al continente más herido en el mundo por las desigualdades. Exhausta, hasta que llegó el comandante Hugo Chávez a Venezuela. Desde ese momento se le abrió al socialismo autoritario otra frontera y Cuba tuvo un segundo respiro luego de perder la protección de la Unión Soviética.
ResponderBorrarMuchos observadores creyeron que con Chávez y su "república bolivariana" se abría un nuevo capítulo en el desenvolvimiento del populismo latinoamericano: apetencia de hegemonía, liderazgo dominante que rechaza la mediación parlamentaria en respuesta a un evidente desgaste de los partidos tradicionales, inclusión social manejada desde el poder, mayorías electorales y reeleccionismo indefinido. La cuestión consistía en saber si esta primera aproximación al control hegemónico del poder político, regada por los cuantiosos beneficios de la renta petrolera, tendría mayores ambiciones o se detendría en un punto en el cual pudiese al menos preservarse el repertorio constitucional de las libertades públicas. Los últimos datos no son en este sentido auspiciosos. Es verdad que Chávez, al negarse a renovar la licencia de Radio Caracas Televisión (RCTV) no infringió ninguna ley, pero de ello no se deduce que, con este gesto, se haya detenido el avance del poder político sobre la esfera comunicacional. En rigor se ha acentuado, como si se hubiese dado un paso decisivo en el proceso de reducción a la unidad del Estado de un conjunto de sectores que gozaban de autonomía relativa para emitir opiniones críticas o disidentes.
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