viernes, febrero 06, 2015

Mi querida cola - Jesús Millán


La gente ha aprendido a sacarle ganancia a las épocas de crisis, y las colas son la mejor de las oportunidades para lograr provecho dentro de esta situación económica.

Hacer una cola, no es cualquier cosa. En los actuales momentos, se ha convertido en una forma de sobrevivencia, hasta constituirse en una rama del sistema productivo.

Porque vea usted que la gente ha aprendido a sacarle ganancia a las épocas de crisis, y las colas son la mejor de las oportunidades para lograr provecho dentro de esta situación económica.

La principal variable a tomar en cuenta, es la espera. Porque ya desde horas de la madrugada, cuando no de la noche anterior, se empieza a apostar en las entradas del comercio la gente ansiosa por comprar algún producto en situación de escasez.

Si nos fijamos, veremos entonces que valiéndose de cualquier tipo de abrigo, silla o compañía, un poco gente empieza a formar una incipiente cola que va tomando forma a medida que pasan las horas. Ya para horas de la mañana, apenas despuntando el sol, ya hay una robusta fila visible desde cualquier lado de la calle.    

Como ya dijimos, alguien saca alguna utilidad del esfuerzo hecho, y aprovechando la codicia ajena, negocia los preciados primeros puestos.

Y empieza entonces una suerte de subasta, donde luego de una rápida puja, se empiezan a intercambiar los puestos.

Se ha escuchado de negociaciones donde los puestos son negociados hasta a mil bolívares cada uno, llegándose al caso, de que gente que ha llegado con la suficiente anticipación, ha podido embolsillarse entre 10 y 15 mil bolívares por cola, nada más que vendiendo los primeros puestos.  

Y para más asombro, aparecen los más diversos métodos para poder entrar sin necesidad de hacer la fastidiosa cola. Uno de los más recurridos, aunque ya un tanto en desuso, era el de préstamo de niños.

Al principio de todo, era lo más fácil encontrar a alguien dispuesto a prestarnos a un niño pequeño durante unos minutos, para poder pasar sin apuro dentro del negocio.

Pero alguien descubrió la oportunidad de negocios que eso representaba y se empezó a alquilarlos. Imagino que una madre necesitada, con el concurso de uno o dos de sus hijos, podía redondearse el mercado.

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