lunes, febrero 02, 2015

La identidad del dinero - ALONSO MOLEIRO

Nunca escuchamos historias de prosperidad socialista. Cuando el socialismo aprecia la existencia de la prosperidad, la problematiza, la convierte en una moda, la ridiculiza como un signo de decadencia. Se nos vende mucho la idea de la justicia y el reparto, pero rara vez un socialista celebra la existencia de una sociedad abundante, que progrese.

En sus tesis fundamentales, el marxismo hace una radiografía interpretativa del sistema, el contenido, las autorregulaciones y el corpus que anima el espíritu del dinero, esto es, del capital. De la creación, la consolidación y la reproducción del dinero como fenómeno, incluso social.

No fue el primero, ni el último que lo hizo, pero lo cierto es que en las reflexiones de Carlos Marx descansan algunos de los alegatos doctrinarios de mayor influencia en contra del lucro como horizonte moral de las personas.

Todo el universo de la izquierda, incluso en aquel que no es marxista, tiene, en torno al dinero, alguna crispación ética, algún reparo existencial.

En términos generales, también por influencia de la iglesia, el interés excesivo en torno al dinero como postura social, suele ser visto, con mucha razón a mi parecer, como un síntoma de sospecha y desprecio. No hay nada más feo que lucir interesado.

Marx extendió sus diagnósticos sobre la burguesía como estrato social histórico de carácter emergente. Aunque en algunos estamentos de sus reflexiones ensalza su papel y reconoce la eficacia de algunos de sus postulados, la enjuicia, a la postre, como luego hicieron costumbre muchos marxistas que le sucedieron, con sorna manifiesta.

La burguesía, de acuerdo a esta óptica, las clases acomodadas, con vidas insulares, embelesadas con la estética, y en consecuencia, únicamente con las formas, portadoras de una dosis de hipocresía y desprecio hacia la diferencia, incapaces por definición de comprender y respetar a la pobreza. En los confines del marxismo, no hay término que exprese mayor desprecio por el prójimo que ese de "burgués".

No pudo jamás el marxismo, ni siquiera con aquellos reparos parciales que puedan tener algún significado histórico, como el del plusvalor, construir realidades culturales alternativas. El marxismo jamás podrá ser una corriente de poder viable en ninguna parte porque no entiende nada de economía.

Por definición, el marxismo es antieconómico. No comprende la metafísica, la identidad natural del dinero, sus ventajas naturales y sus trágicas desventajas, dependiendo de nuestra pericia, como un instrumento para organizar a las sociedades.

Todos los instrumentos ideados por el hombre para hacer multiplicar el dinero y fomentar el ahorro, comenzando por la misma institución de la Banca, pertenecen al capitalismo. Los criterios fundamentales de la economía, los que aprenden, incluso, algunos comunistas, tienen la matriz conceptual y el brillo semántico de la burguesía: déficit, superávit, tasas de interés, mercado cambiario, compra de deuda, tasas de redescuento, bonos quirografarios, operaciones financieras.

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