Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, marzo 16, 2026

 

La corresponsabilidad en Venezuela, ¿conducirá a la reconciliación?

Acontecimientos todavía recientes testimonian la falta de entendimiento que nos ha caracterizado, fuente de conflictos con otros países

La corresponsabilidad en Venezuela, ¿conducirá a la reconciliación?
¿Cómo es posible que a pesar de la gesta libertaria y los siglos transcurridos Venezuela esté en esta disyuntiva? (EFE)

Acudamos, prima facie, a la lingüística en aras de tener presente el sentido de las palabras “conciliar”, referida a componer y ajustar los ánimos de los que estamos opuestos entre sí y “reconciliar”, que índica atraer y acordar los ánimos desunidos.

En lo relativo a Venezuela pareciera conveniente, asumir que “la reconciliación política a adelantar procuraría dejar de lado décadas de polarización y conflicto”. Esto únicamente es posible mediante el reencuentro nacional para una convivencia democrática, capaz de superar la confusión, la incipiente credulidad y hasta la flaqueza institucional. Un modelo de reconciliación social para abandonar “la anarquía política” se impone como determinante. Es en rigor impostergable. Cuesta, en aras de la objetividad, rechazar el acerto.

Una diversidad de causas alimentan la crisis, la cual en la medida en que se fue profundizando propició la corresponsabilidad gubernativa entre Washington y Caracas que hoy nos conduce. El norte, asumió el tutelaje del Caribe esgrimiendo causas, ya tantas veces mencionadas, que no hace falta repetir, pero, también, promesas para una Venezuela mejor. Preguntarse con respecto a la viabilidad de la metodología en pleno Siglo XXI, se ha hecho por algunas personalidades y hasta cuestionándosele. Pero la tutela está en plena ejecución. Argumentos que la favorecen pasan por el sacudón de la economía venezolana durante las últimas décadas, con respecto a lo cual “el gigante del norte” ha propuesto alternativas mediante un plan de inversiones y la explotación de valiosos recursos naturales. La pregunta por parte de una mayoría terminante es: ¿Cómo es posible que a pesar de la gesta libertaria y los siglos transcurridos Venezuela esté en esta disyuntiva? Cuestionamiento pertinente para gobierno y oposición, el cual aunque parezca mentira se escucha en toda Venezuela. Evidencia de un gran desencuentro popular.

Acontecimientos todavía recientes testimonian la falta de entendimiento que nos ha caracterizado, fuente de conflictos con otros países. Rebeca Monsalve, quien estudió Comunicación Social en la Universidad Bolivariana de Venezuela, creada durante el gobierno de Chávez, es autora del ensayo “Bloqueo naval de Inglaterra a Venezuela en 1902”. De 20 buques de Alemania, Inglaterra e Italia en conjunto, impiden la salida al mar como mecanismo de presión para que el entonces Presidente Cipriano Castro pagara la deuda externa que contrajeron gobiernos anteriores, debiendo intervenir los Estados Unidos como “mediador” y llegar a un acuerdo que pusiera fin a la amenaza.

En el interesante análisis la investigadora comenta, asimismo, que Castro declaró en enero de 1901 su negativa a pagar, amparándose en que los abultados empréstitos se habían adquirido antes de su gobierno y en febrero de 1902 suspendió el pago de la deuda.

Leemos que el General Juan Vicente Gómez decidió honrar el compromiso externo, dejando el interno en vías de desaparición. En los elogios a Gómez se adujo haber logrado una Venezuela, por primera vez, libre del pesado fardo de unas obligaciones írritas y en capacidad de atender más libre y desembarazadamente al progreso nacional. Ejecutoria determinante, con seguridad, para calificarle “el benemérito”, o sea, merecedor de galardón o estimación. Digno de alabanza.

Cabría la pregunta para la investigadora de si para ella, en esa oportunidad, Estados Unidos hubiese estatuido el primer cogobierno con Venezuela. O sea, la corresponsabilidad gubernativa, un protectorado o un status de tutela. Suele escucharse que durante el gobierno del benemérito el otorgamiento de concesiones de hidrocarburos en Venezuela fue por demás dinámico.

Este ensayo, como su título pareciera revelarlo, no es más que un intento dirigido a plantear la imperativa necesidad de lo que se conoce como “el compromiso democrático”, entendido, si leemos bien, como aquel generador de soluciones relativas a temas en conflicto.

Aceptamos que se hace referencia a una reconciliación entre quienes han de concretarlas, en lo atinente a Venezuela, harto conocidas, camino para una democracia eficiente, construida bajo parámetros con idoneidad para un manejo sincero de los temas que nos separan, lo cual supone un complejo de relaciones fundamentales entre los grupos involucrados, políticamente hablando gobierno y oposición. Una sociedad, admitimos, no desarrollará las aludidas relaciones en ausencia de un mínimo de cooperación en las interrelaciones de sus ciudadanos.

Estos lineamientos contenidos en el serio trabajo de IDEA, intentemos complementarlos así:

  1. Mientras que el compromiso democrático genera soluciones relativas a temas en conflicto, la reconciliación aborda las relaciones entre aquellos que tendrán que llevarlas a cabo,
  2. La premisa ha de entenderse que rige no únicamente para la clase  política, también en lo relacionado a los intermediarios involucrados, por supuesto, entre ellos, la población,
  3. La reconciliación refuerza a la democracia en la medida en que fomente las relaciones fundamentales necesarias para su exitosa puesta en práctica,
  4. Es determinante, asimismo, una adecuada justicia económica, así como una seria distribución del poder político y social,
  5. En sentido pragmático reconciliarse políticamente demanda relaciones funcionales positivas, capaces de generar el ambiente dentro del cual el buen gobierno puede florecer, pues las opuestas, estos es, las relaciones negativas terminan socavando, inclusive, hasta el mejor sistema de gobierno.

Una dosis de paciencia, por consiguiente, ha de observarse en la Venezuela de hoy, en procura de la ocasión oportuna a fin de que superada la crisis que confrontamos y que haya reconciliación, nos corresponda acudir a un proceso electoral para la escogencia de nuestro gobierno, democratico, objetivo, serio y eficiente.

Es como para expresar “no nos apuremos”, pues pudiéramos terminar cansados y sin el objetivo.

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domingo, marzo 15, 2026

Razones para escribir Por Sergio Ramírez

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He pasado los ochenta y no siento que haya llegado la hora de despedirme de la escritura, como ha hecho mi contemporáneo, al que tanto admiro, Julian Barnes, porque cree que “ya ha tocado todas sus melodías”.

Quiero ser escritor hasta la muerte, mientras conserve esos dos atributos fundamentales, sin los cuales no hay escritura: memoria e imaginación. "No puedes recordar sin imaginar, ni imaginar sin recordar", dice el mismo Julian Barnes. Y no hay que olvidar un tercero: la curiosidad.

Cuando empecé a escribir era impaciente. Al llegar a la universidad para estudiar Derecho, empezamos a publicar una revista literaria y me llevaba de la tipografía tiras de papel de las que servían para imprimir las pruebas con un rodillo. Aquellas largas tiras las metía en el carro de alguna máquina de escribir que estuviera ociosa en las oficinas de la universidad y me sentaba a teclear como un desesperado, porque no quería desperdiciar el tiempo sacando y metiendo en el carro de la máquina las hojas de tamaño normal. Martillaba las teclas con dos dedos y corregía muy poco, porque pensaba que el mundo estaba ansioso de leer lo que escribía.

La vida dedicada a escribir y no con la constancia que hubiera querido, porque hubo largas interrupciones; me ha enseñado que la paciencia es también madre de la escritura. La paciencia para desechar lo escrito, por mucho que te guste, porque reconoces en la página defectos y debilidades; para encontrar los errores de congruencia, para tachar, borrar, corregir, volver a empezar; saber, como decía Kafka, que el arte de escribir es el arte de suprimir.

Hay quien dice que escribir es un acto de sufrimiento; si fuera así, nunca hubiera sido escritor. Hacer lo que no te gusta es la peor manera de cumplir una tarea. De la escritura uno no se retira; no hay tercera edad en este oficio.

Con la edad llega el tiempo de la reflexión sobre la página escrita y se desarrolla ese sentido crítico sin el cual toda escritura se vuelve peligrosa. Es lo que Hemingway llamaba “el bullshit detector: todo buen escritor debe tener un detector de mierda incorporado, a prueba de choques, desde el nacimiento”.

Desde el nacimiento, es mucho pedir. Creo que ese detector se desarrolla con el tiempo, con la experiencia, con la paciencia, gracias a los fracasos. Y uno sabe que ya lo tiene incorporado cuando lee una vieja página y se avergüenza de ella, queriendo nunca haberla escrito. Pero las reglas del detector son siempre válidas: saber quitar todo lo falso, excesivo o decorativo; todo lo que suene a cliché o mentira emocional.

Está, por aparte, el destino de la escritura. ¿Para qué se escribe y para quién se escribe? Al principio pensaba que la literatura era una herramienta social para cambiar la realidad: una pretensión desmedida, si se piensa que mis cuentos los publicaba en una revista estudiantil que imprimía 500 copias. Eran tiempos juveniles de lucha por un mundo distinto, y la literatura, para mi generación, no podía ser ajena a la política militante.

Solo después he aprendido que el peor vehículo para transmitir credos políticos o presupuestos ideológicos, es la literatura. Cuando la escritura es artísticamente eficaz para comunicar la injusticia, la miseria, la opresión, desde una perspectiva estética, convencerá al lector, pero solo como una consecuencia de la lectura. Si uno se propone escribir con ánimo proselitista, seguro fracasará y peor cuando se usan parrafadas retóricas. Lo aprendí al leer Los hermanos Karamazov.

Dostoievski retrata la injusticia desde la neutralidad, sin agregados que expliquen la crueldad de los poderosos contra los débiles y de esa manera llega a la conciencia de quien lee para no borrarse nunca más. Llega como un asunto de la vida.

Cuando el tiempo pasa, la pretensión de escribir para las multitudes y cambiar de raíz la realidad, se convierte en la convicción de que escribe para un lector en concreto. Ese lector se refleja en la pantalla del ordenador como en un espejo y es alguien difícil de contentar, siempre vigilante de tus tropiezos y tus errores.

Uno no busca convencerlo, sino hacerlo dudar. Que se abran en su mente mundos distintos, pero, antes de eso, que no te abandone. Porque si el lector cierra el libro porque lo aburres o no le seduces los suficiente, tus intenciones no valen nada. 

Una cosa es utilizar la literatura como instrumento de propaganda y otra escribir desde la conciencia y siempre estará de por medio para mí la conciencia ética, mi manera de ver el mundo desde mis creencias. Al volver la vista atrás, siento que, desde adolescente, cuando me hacía escritor para siempre, también para siempre nacieron en mí lo que puedo llamar principios. A estas alturas, estos principios siguen siendo los mismos y parten de una permanente inconformidad frente a la injusticia y la opresión.

Soy, por tanto, si es posible establecer esta diferencia, no un escritor que escribe literatura comprometido, sino un escritor comprometido que escribe sobre la vida.

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