
Al hablar de los actores que participarían en el proceso de “reconstrucción” del país y por supuesto en la llamada “transición”, he querido hacerlo de aquellos que no son los actores “tradicionales” −partidos políticos, lideres opositores y del gobierno, actores internacionales, etcétera−, de los cuales ya se habla y analiza en todos los medios.
Uno de los actores
Uno de esos actores que no se nombra mucho son las empresas y los empresarios; estos últimos, apenas se nombran tímidamente y algunos con cierta animadversión. Sin embargo, empresas y empresarios tienen un importante papel que jugar. Pero, antes de insistir en la necesidad de su participación en el proceso de “reconstrucción” del país, es bueno refrescar −y probablemente dar a conocer para muchos− el acaecer de la industria en Venezuela durante el último cuarto de siglo, para establecer el debido contexto a la necesidad de esta participación y porque ese contexto afectó a todos los venezolanos, partidarios o no de quienes lo implementaron con sus políticas públicas.
Desde luego esto no es un resumen histórico o económico sobre el tema −para lo cual hay diversos autores y textos especializados−, y tampoco un compendio de “consejos” acerca de cuál debe ser el papel a desempeñar por ese actor en la “transición” y “reconstrucción”; tarea, que en todo caso, corresponde a los gremios empresariales. Son solo los comentarios de un “observador entrenado”, durante diez años, en el gremio industrial.
Los inicios
El gobierno que asumió en 1999 comenzó como un “nacionalismo económico” y ensayó en la industria la misma fórmula que ha fracasado siempre en Venezuela y en el mundo: estatismo desenfrenado; que, a partir de 2005, formalizó en un nuevo modelo que denominó: «Socialismo del Siglo XXI».
Entre 1999 y 2003, se hablaba de «Economía Social» y «Cooperativismo». En 2004, el término empleado era «Desarrollo Endógeno». Pero, a principios de 2005, ya aparece el término «Socialismo del Siglo XXI», en el discurso de Chávez Frías el 30 de enero de 2005, durante el V Foro Social Mundial en Porto Alegre, Brasil e instruyó a sus ministros para que transformaran el modelo productivo y ordenó la transición industrial; en consonancia con esa instrucción, se había creado el Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio (MILCO), (Gaceta Oficial N° 38.109, del el 18 de enero de 2005) En 2007 ya se oficializa el «Modelo Productivo Socialista» como la vía para la industria nacional.
Las etapas desde 1999
Podemos resumir, sintetizando, que tres han sido las formas o etapas en las que el gobierno, instalado desde 1999, trató de implantar esa “industria socialista nacional” y lo que logró fue fortalecer una economía, llamada de “puertos”, insostenible sin altos ingresos en divisas que hizo al país más dependiente del ingreso petrolero:
– Primera etapa: Al principio el Estado abandonó la incipiente ruta calificada de “neoliberal” de la privatización y en los primeros tiempos del gobierno de Chávez Frías, trató de “rescatar” empresas que ya habían quebrado en manos del sector privado: una textilería, una convertidora de papel y una fábrica de válvulas. Fue un fracaso rotundo, por una razón muy simple: el mercado no perdona a las empresas incompetentes, sea que estén en manos privadas, sean que estén en manos públicas.
– Segunda etapa: Tras el fracaso anterior, ensayaron otra fórmula: organizar en empresas, microempresas, cooperativas, o empresas de producción social (EPS), concepto al cual el propio Chávez Frías dedicó un “Alo Presidente”, −el #241 del 27 de noviembre de 2005-, desde Tía Juana, Estado Zulia− y allí de manera amplia se definió el concepto como: “…pasos estratégicos importantísimos en la transformación…del modelo económico, del modelo productivo…rumbo al socialismo, el socialismo del siglo XXI…esencial para el proyecto revolucionario, para la nueva economía, el nuevo modelo económico…” Sin embargo, al poner al frente de esas empresas a quienes no pensaban ni actuaban con la lógica y racionalidad organizativa que da la producción y el mercado −bien porque nunca habían administrado empresas o bien porque nunca habían producido nada importante− ese experimento “autogestionario” solo podía conducir a un nuevo fracaso, a un mero reparto de dinero y a un derroche de recursos innecesario, que solo logró a duras penas −y gracias a Dios− mitigar el hambre de algunos; y quien sabe si incrementar la riqueza personal de otros.
– Tercera etapa: Por último, pareciera que el gobierno se dijo a sí mismo: ¿Para qué seguir probando con empresas quebradas o tratando de organizar a quienes carecen de racionalidad para producir?; y emprendió otra estrategia: ir por las empresas que funcionaban. Comenzando por las que algún día fueron públicas y habían sido privatizadas, como la CANTV; o las que eran exitosas y bien gerenciadas, −la Electricidad de Caracas, empresas cementeras y otras− y continuaron con un proceso de expropiaciones de empresas, fundos y haciendas, que se intensifico a partir de 2007.
En el caso de las empresas, que ahora se denominaban “socialistas”, con una estrategia distinta a la fracasada cogestión, buscaron poner a los trabajadores en sus directivas. Pero fracasaron también, porque no fue el trabajador competente y experimentado al que llevaron a esas posiciones, −la selección no fue producto de elecciones libres, como habían dicho que sería, para que los trabajadores escogieran a sus representantes en esas directivas− sino que fueron “seleccionados”, posiblemente por razones políticas o ideológicas.
Resistencia al “Cerco”
Mientras tanto, la empresa genuinamente privada y los empresarios, genuinamente empresarios, resistían al “cerco” tendido a su alrededor −leyes, normas, políticas, fiscalizaciones, intervenciones− con que el Estado acosaba y que fueron desestimulando inversiones, propiciando el cierre de empresas, sobre todo industrias −caso que conozco mejor− y la pérdida de puestos de trabajo bien remunerados y haciendo que hoy tengamos un 80% menos establecimientos industriales; es decir, solo un poco más de dos mil industrias e incontables empleos menos de los que teníamos en 1999; todo ello haciendo cálculos aproximados dado que no disponemos de cifras, porque se han dejado de publicar, desde 2007, las del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y desde 2019, las del Banco Central de Venezuela (BCV)
Paralela a esta actividad “industrial” del “estado socialista” y la agresión contra el sector industrial privado, durante los últimos 20 años se fue modificando el marco jurídico del país −prácticamente todo el ordenamiento jurídico− con un solo propósito, limitar y restringir la iniciativa privada y el concepto de propiedad privada, creando −como vimos− múltiples formas, todas fracasadas, de propiedad social, común, colectiva, que no condujeron a nada, que no crearon riqueza, que no estimularon ni la inversión ni el empleo, sino el surgimiento a su alrededor de una capa de nuevos “empresarios” que usufructuaron los recursos, préstamos, y −en ocasiones− propiedades arrebatadas a sus legítimos dueños.
El problema es el “modelo”
Lo que está equivocado no son solo las estrategias, mal ejecutadas por ignorancia, ineficiencia o ambición, o todo eso junto. Lo equivocado es el modelo propuesto. Un modelo que fracasó en la Unión Soviética, en la Europa del Este, en Corea del Norte, en varios países africanos y solo persiste en Cuba −hoy también al borde del colapso− y un par de países más, mantenido a sangre y fuego; porque incluso, en China y Vietnam, al menos económicamente ya abandonaron el modelo socialista, aunque persiste el sistema político autoritario.
Quienes pensaban que la “riqueza” petrolera, hoy efímera, en manos de una «PDVSA Socialista», era una especie de garantía, ya se deben haber dado cuenta, como nosotros lo hemos hecho, que en muchos de los países en que se deshizo el socialismo, había Estados más poderosos y con más riqueza que la petrolera nuestra, y sin embargo se derrumbaron también, tras años de someter a la miseria y represión a sus pueblos.
Unas pocas cifras
Cuando se analiza la economía venezolana, para formular políticas, muchas veces se omite considerar este sector que también está inmerso en el problema y que maneja una parte de la economía. Entre los empresarios, industriales y comerciantes, hay un grupo importante que ha sabido mantenerse sobre un mar agitado y turbulento, manteniendo sus inversiones y sus empresas, y generando empleos bien remunerados, que no me cabe ninguna duda que han ayudado a la población venezolana a, por lo menos, que sea un poco menos pobre. Entre 2005 y 2015, que me desempeñé como presidente ejecutivo de la Confederación Venezolana de Industriales, CONINDUSTRIA, me tocó ser testigo, vivir, esa resistencia a uno de los procesos más duros contra la industria en Venezuela, y contra las empresas en general, con el ya mencionado “cerco” del Gobierno a la industria y a las empresas, que enfrentaron un agresivo proceso de estatizaciones.
Según estadísticas publicadas por CONINDUSTRIA, en 1999, cuando asumió el gobierno Chávez Frías, había en el país 11.198 establecimientos industriales, que generaban unos 420 mil empleos directos. En 2007 −último año de cifras oficiales, publicadas por el INE−, quedaban 6.678 industrias, que generaban unos 345 mil empleos, 104 mil empleos menos. Las estadísticas de CONINDUSTRIA, para abril de 2023 registran un total de 2.072 industrias. No sabemos a ciencia cierta como es la situación hoy en día, 2026, pues no hay información oficial, pero no es difícil suponer que hay muchas menos industrias y muchos menos empleos industriales. (Ver https://conintranet.com/estadisticaseconomicas.php).
Resistencia empresarial
Sin duda, entre los empresarios, hay también algunos que no son tales, que buscan mal mantener sus empresas y riqueza, pero hay también muchos que siguen resistiendo, generando empleo y productos de calidad para los venezolanos; sería injusto, no reconocer eso, solo porque algunos hayan interpretado que su papel es doblegarse y dejar de denunciar los atropellos de los que también son víctimas.
Por eso, sería un error, histórico, económico y lamentable, no contar con ese sector de empresarios de la industria, el comercio y los servicios que ha logrado mantenerse, a pesar del ambiente tan negativo: con una legislación laboral que impide el desarrollo del empleo y no protege a los trabajadores; inseguridad jurídica a lo largo y ancho de la economía y regulaciones cambiarias asfixiantes; una inflación que ahoga a las familias y un ingreso −salario mínimo inferior a 1 dólar− que escasamente alcanza para comer; con una clase media que fue pujante y ahora se va extinguiendo; grandes empresarios que se van empobreciendo y pequeños que simplemente desaparecen; y no olvidemos que aunque ésta sigue siendo una economía que depende del petróleo y del ingreso que éste genera, aunque luzca increíble para algunos, durante muchos años, desde el 2007 −hasta no sé qué momento, porque ahora no se publican cifras oficiales,− el PIB industrial, no petrolero, fue superior al PIB petrolero y esto se puede comprobar fácilmente viendo las cifras, que aún quedan, en una serie de años, del BCV.
Conclusión
Tras la descripción de este panorama, no es difícil afirmar que es necesario contar con la experiencia de los empresarios que se han mantenido a pesar de la situación vivida en los últimos veinte años y esperar que puedan aportar sus vivencias y experiencias para la “transición” y la “reconstrucción”.
Mientras exista en Venezuela un sector pensante, empresarios y emprendedores, industrias privadas que se resisten a la destrucción sistemática, una clase media participando, profesionales con capacidad, talento, preparación e ideas, siempre habrá una alternativa racional.
Mucha de esa infraestructura industrial y comercial −deteriorada, deprimida y funcionando a un cuarto o a una décima parte de su capacidad instalada−, sigue allí y puede ser una fuente rápida de generación de empleos e ingresos, con sólo modificar algunas políticas públicas, con sólo levantarles algunas de las restricciones. ¿Hay alguna duda de que este tipo de empresario es un actor que también hay que tomar en cuenta para la “transición” y la “restructuración” del país?

