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Punto importante en la agenda de las reuniones de la presente semana, entre el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu y el presidente Donald J. Trump: Medidas a tomar para desmantelar la Corte Penal Internacional, CPI, porque la seguridad de ambos países no puede estar a merced “de las decisiones de los corruptos funcionarios del referido ente con sede en La Haya”.
Días antes, apenas, Marco Rubio, canciller de EE. UU., ya había anunciado una cruzada diplomática, para que todos los aliados de Washington, abandonen el mencionado ente multilateral a causa de haber interferido en la seguridad estadounidense.
Para Freud: “Las casualidades no existen y las que calificamos como tales, surgen de las fuentes más profundas de nuestras propias circunstancias”. Pero ¡Oh, casualidad! Después de las amenazas contra la CPI, el fementido gobierno de la “transición democrática” (¿?) de Venezuela, obsequioso, servil, sumiso, zalamero, con el otrora vituperado “Imperio” fue el primero en apresurarse a hacerle coro. Aunque de manera torpe y por los motivos más innobles: Zafarse del Tratado de Roma que creó el mencionado Tribunal, como si con tal salida, este último perdiese jurisdicción para juzgar los crímenes de lesa humanidad cometidos por los desgobernantes chavistas a lo largo y ancho de los últimos 27 años.
Pero las adversidades, nunca vienen solas, como lo demuestran las circunstancias actuales de la CPI. Este mismo mes, Karim Khan, Fiscal Jefe de dicha Corte y redomado alcahuete de Nicolás Maduro y su cohorte, fue destituido ignominiosamente de ese cargo. Lo que a un modestísimo juez parroquial, le hubiera tomado, pocas semanas, a las instancias disciplinarias de la CPI les tomó dos largos años: Comprobar que el susodicho Khan es un redomado abusador de mujeres vulnerables y proceder en consecuencia.
El empuje antiglobalizador encabezado, en el plano teórico, entre otros, por el politólogo argentino Agustín Laje (cfr. Globalismo. Ingeniería Social y Control Total en el Siglo XXI, ed, Harper, 2024); por el francés Alain de Benois, abanderado de la llamada Nueva Derecha europea; por Diego Fusaro, heterodoxo pensador italiano, crítico de la izquierda institucional y de la globalización corporativa, ha tenido en los últimos años, en el presidente Trump, su aliado más formidable. No obstante y pese a tal ímpetu de sus referidos detractores, más daño a la globalización le han hecho los propios globalizadores de la CPI. Para muestra un botón:
Los acosos sexuales del exfiscal Khan, sin dejar de reconocer lo dolorosos para sus víctimas, han sido, pecatas minutas comparados con la prevaricación entre Khan y su hermana política Venkateswari Alagendra en el caso Venezuela I, que se ventila ante tal Corte. Los lectores se servirán recordarlo. El mencionado par de cuñados, asumieron en el caso en cuestión, intereses evidentemente contrapuestos: El primero, como potencial acusador de los perpetradores de los crímenes atroces cometidos en Venezuela por los chavistas y la segunda, como defensora de esos mismos acusados, en potencia, por su pariente. Todo con la ciencia y complacencia de altos funcionarios de la CPI, como lo han sido su registrador y nueve de sus magistrados, quienes estaban obligados a impedir la incorporación de la señorona Alagendra, al referido proceso, pero que se hicieron y se han seguido haciendo de la vista gorda.
Ante tales desafueros, no había que ser muy zahorí, para predecirlo: la CPI, ya ha entrado en fase de enferma terminal. La que fue esperanza en materia de tuición de los derechos fundamentales, degeneró en un antro de ineficiencia, dilación, tráfico de influencias, venalidad, pero sobre todo de impunidad.
¿Y las ONG que han medrado y aspiran seguir medrando alrededor de la CPI? A excepción de una que otra y de “Arcadia” dirigida por unos indignados venezolanos, que en medio de muchos obstáculos, recusó al Fiscal prevaricador, siempre se pronunciaron en el sentido, de no incordiar, de dejarle hacer “su trabajo” al impresentable, Kahn. Razón tiene el ya citado, Agustín Laje cuando se refiere a la “industria” de las ONG con mucha acritud.
Resulta poco probable, que en el corto plazo, se intente la reconstitución de otra instancia especial internacional para llenar semejante vacío. La experiencia de la CPI ha resultado nefasta.
Nadie dice que sea fácil. Pero habrá que robustecer las jurisdicciones nacionales, para que los delitos de lesa humanidad no sigan impunes.
@omarestacio
