Lo sucedido el 3 de enero en Venezuela ha reconfigurado el tablero político venezolano, dejando al país sumido en una transición que amenaza con tornarse prolongada si las fuerzas del cambio no exigen, de forma unánime y por encima de todo, la celebración de elecciones presidenciales libres y verificables cuanto antes.
En este contexto, el Manifiesto de Panamá, suscrito por María Corina Machado y la Plataforma Unitaria Democrática, emerge como la brújula estratégica para ratificar la soberanía popular expresada el 28 de julio de 2024, cuando el pueblo consagró irreversiblemente la elección de Edmundo González Urrutia.
Ese mandato ciudadano nos exige actuar con urgencia y firmeza, bajo el liderazgo indiscutible de María Corina Machado, quien ha reafirmado su disposición a ser candidata presidencial en los comicios que, según el plan de la administración Trump, deberán celebrarse con garantías plenas de libertad.
El Manifiesto establece dos procesos simultáneos: Por un lado, una negociación política con el régimen interino, acompañada por el gobierno de Estados Unidos, cuyo plan de tres fases anunciado por el secretario Marco Rubio constituye un marco estratégico esencial para la recuperación democrática.
Y por otro lado, que el proceso negociador debe ser liderado por Machado en su rol de conductora del proceso democrático, quien designará un equipo negociador integrado por técnicos expertos y representantes políticos, y exigirá gestos tangibles que demuestren voluntad real de avance.
El propósito central es lograr una elección presidencial libre, con todas las garantías constitucionales y legales, lo que requiere la designación previa de un nuevo Consejo Nacional Electoral, integrado por personalidades independientes, así como el urgente diseño y publicación de un cronograma electoral viable y verificable.
En Panamá se convocó a la construcción de un Gran Acuerdo Nacional. Un esfuerzo que pertenece a la mayoría del país y que convoca a ciudadanos, partidos democráticos, gremios, sindicatos, iglesias, universidades, sectores productivos, organizaciones sociales, jóvenes, mujeres y venezolanos dentro y fuera de la patria.
Nuestra líder señaló con claridad: “Tenemos un mandato, una ruta, una estrategia y una sociedad cohesionada, unida y decidida”. Unidad fue también la palabra que retumbó en el Congreso Anfictiónico que Simón Bolívar organizara en 1826 en la misma ciudad panameña, para unificar a la recién independizada Hispanoamérica.
Bolívar no logró aquel objetivo por la ceguera política de aquellos días, y su lección resuena hoy con fuerza atronadora: las patrias se liberan unidas; divididas, sucumben antes de nacer. La fragmentación de la oposición sería el mejor regalo para un chavismo derrotado, pero que todavía controla los resortes del Estado.
La movilización ciudadana y la observación internacional, siguen siendo herramientas fundamentales para exigir que la transición sea urgente y sin medias tintas. Las venideras elecciones, que a todas luces deben ser las presidenciales, requerirán que todos, se alineen detrás de la candidatura de María Corina.
La transición democrática nos exige unidad y visión de Estado; esa unidad de la nación no es una consigna, es la herramienta más poderosa al servicio de la libertad. Con fe en Dios y con la determinación de abrir el camino hacia la democracia plena, asumimos el Manifiesto de Panamá como el comienzo de la recuperación definitiva de la República libre y democrática.
Y como bien lo aprendió Bolívar en el Istmo hace dos siglos y, como hoy nos lo recuerda la líder y nobel de la paz: Aquí nos necesitamos todos.

