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martes, abril 28, 2026

¿Volteará Donald Trump hacia Cuba tras frenazo a la guerra con Irán?


Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses la madrugada del pasado 3 de enero, el presidente Donald Trump oficializó su agenda geopolítica con la llamada “Doctrina Donroe”, una reinterpretación de la Doctrina Monroe que refuerza la idea de dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

El mensaje fue directo y cargado de anticipación: funcionarios estadounidenses declararon que la región es su esfera de influencia y el propio Trump advirtió “Cuba is next”, sugiriendo que la isla podría ser el siguiente objetivo dentro de esa estrategia.

Creo que tendré el honor de tomar Cuba”, dijo el presidente Trump a los periodistas en la Oficina Oval el mes pasado. “Creo que puedo hacer lo que quiera con ella, si quieren saber la verdad. Es una nación muy debilitada”.

Desde entonces, Cuba vive bajo una creciente expectativa de cambio  político marcada por esa presión externa. La caída de Maduro implicó el fin del apoyo energético venezolano, lo que ha profundizado una crisis severa en la isla, con escasez de combustible, alimentos y deterioro del sistema de salud.

En un artículo de opinión para Responsible Statecraft, William Leogrande, profesor de gobierno y exdecano de la escuela de Asuntos Públicos de la American University, sostiene que en la creciente confrontación con Estados Unidos, Cuba no tiene muchas opciones, como le gusta decir a Trump.

Leogrande recuerda que en los meses transcurridos desde que Estados Unidos tomó el control de las exportaciones de petróleo de Venezuela, cortó el flujo hacia Cuba y amenazó con sanciones a cualquier nación que se atreviera a enviar combustible a la isla, solo Rusia se ha atrevido a desafiar el embargo petrolero de Washington. Como resultado, la economía cubana se está paralizando gradualmente.

Parece que todo está preparado para que Trump triunfe donde sus doce predecesores fracasaron, recuperando finalmente Cuba de manos de los jóvenes revolucionarios barbudos que arrebataron el paraíso caribeño de Norteamérica hace unas siete décadas. Sin embargo, un análisis detallado de las opciones de Washington revela que recuperar Cuba no será tan fácil como parece», advierte el experto en temas políticos latinoamericanos.

Para el académico, aunque Washington y La Habana iniciaron negociaciones para determinar si existe suficiente consenso entre las exigencias del gobierno de Trump y los compromisos que el gobierno cubano está dispuesto a asumir, se mantiene una barrera sólida en el escenario real.

Según Leogrande, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha declarado públicamente que Cuba «necesita un nuevo gobierno», y el New York Times informa que Washington exige la renuncia del presidente cubano Miguel Díaz-Canel. «Los funcionarios cubanos han marcado una línea roja en respuesta, negándose a negociar tanto la estructura del sistema político como la identidad de sus líderes», explica.

Marco Rubio acompañando a Trump durante la campaña.

Pulso sobre el tapete

El analista detalla que si ambas partes se centran en cuestiones económicas, que parecen ser prioritarias para Estados Unidos, al igual que en Venezuela, podría ser posible un acuerdo. Sería un buen resultado para ambas partes, pero no satisfaría las demandas cubanoamericanas de un cambio de régimen.

Un estancamiento es más probable que un acuerdo. Esto condenaría a Cuba a un bloqueo petrolero continuo, a una mayor miseria y a la amenaza latente de un ataque militar estadounidense. «Quizás visitemos Cuba después de terminar con esto», dijo Trump, refiriéndose a la guerra en Irán. Pero tanto la opción de la guerra aérea como la de la intervención militar terrestre plantean serios problemas para Estados Unidos», precisa Leogrande.

En primer lugar, resalta que Cuba no representa una amenaza inmediata para Estados Unidos, por lo que Washington no tiene justificación para atacarla. «Esto puede no preocupar a los Stephen Miller en la Casa Blanca, para quienes el poder es lo único que importa. Pero dañará aún más las alianzas de Estados Unidos tanto en Latinoamérica como en Europa».

Además, señala que una campaña militar contra Cuba no garantiza el cambio político que busca la administración Trump y añade que una de las lecciones de la guerra en Irán es que no se puede imponer un cambio de régimen sin presencia militar sobre el terreno.

«Ni siquiera eliminar a la cúpula dirigente es garantía de éxito; la segunda línea podría ser aún más recalcitrante. Asimismo, Cuba, a diferencia de Irán o Venezuela, carece de una oposición organizada de relevancia, por lo que sería vana esperar que los cubanos se subleven contra su gobierno. Por lo tanto, los ataques aéreos contra Cuba no lograrían mucho, salvo empeorar aún más la situación de la población», añade.

Díaz-Canel y militares supervisan ejercicios militares de la "guerra de todo el pueblo" © X / @PresidenciaCuba

Leogrande plantea que el ejército estadounidense podría invadir y ocupar la isla con relativa facilidad porque, las fuerzas armadas cubanas, que en su día fueron lo suficientemente poderosas como para detener a Sudáfrica en Angola, siguen operando con equipo de la era soviética y combustible limitado y eso impediría  organizar una defensa convencional eficaz.

Pero, según el experto, no tienen intención de hacerlo, pues desde que el secretario de Estado del presidente Ronald Reagan, Al Haig, amenazara con atacar la isla, la doctrina militar cubana ha sido la de una «guerra de todo el pueblo», basada en librar una guerra de guerrillas asimétrica y prolongada contra un ocupante.

El acuerdo, lo más probable

Según un reportaje reciente de The New York Times, la administración Trump está insinuando un enfoque distinto. El medio asegura que, más que exigir la caída inmediata del liderazgo comunista, estaría buscando un acuerdo que evite el caos mientras empuja gradualmente cambios económicos y, eventualmente, políticos.

El diario sostiene que Trump parece aplicar a Cuba una versión de la estrategia usada en Venezuela: primero desarticular el centro del poder, luego cooperar con un sucesor o con sectores del régimen para asegurar estabilidad y ventajas estratégicas para Washington, dejando para después la discusión de fondo sobre una transición plena.

Luz Neira Parra, magíster en Desarrollo Social, periodista e investigadora, afirma que no parece que el gobierno de Donald Trump tenga como objetivo inmediato un “desmontaje rápido” del sistema cubano, al menos en términos realistas.

La Magíster en Desarrollo Social asegura que actualmente se observa una intensificación sostenida de la presión económica, diplomática y energética, particularmente a través de sanciones más duras, restricciones financieras y bloqueo de suministros clave como el petróleo.

En 2026, la estrategia se ha movido hacia un modelo de asfixia estructural del Estado cubano, intentando explotar su vulnerabilidad energética y su crisis interna. Sin embargo, esto no equivale a una capacidad real de provocar un colapso inmediato del régimen», afirma.

Según Parra, parece poco probable que Estados Unidos pueda acelerar la caída del régimen cubano. La especialista destaca que la experiencia histórica indica que aún los EE. UU. no han logrado ese objetivo pese a incluir medidas que, a su juicio, resultan más agresivas que las implementadas en los años 60, cuando el gobierno de John F. Kennedy impuso el embargo económico.

La profesora universitaria advierte que el régimen cubano ha demostrado una alta capacidad de adaptación en contextos de crisis prolongada y comenta que, más que un “desmontaje”, lo que se configura es un escenario de desgaste prolongado.

No parece viable un cambio de régimen en el corto plazo. Incluso en medio de una crisis severa, energética, económica y social, el sistema político cubano no muestra señales claras de fractura inmediata. Además, cualquier intento de intervención directa enfrenta costos políticos y legales internos en EE. UU., incluyendo resistencia del Congreso ante acciones militares unilaterales», menciona.

Salida basada en la negociación

Por su parte, Erick Obermaier, consultor  político con estudios de maestría en comunicación y gerencia  política, señala que la política reciente de Trump hacia Cuba y Venezuela responde a una estrategia en la que convergen intereses geopolíticos y necesidades electorales dentro de Estados Unidos.

El experto asegura que los anuncios realizados por Trump sobre Cuba buscan acelerar este proceso para tratar de tener un logro rápido que pueda alcanzar un efecto en las elecciones de medio término en los EE. UU.

Para Obermaier, las medidas dirigidas hacia Cuba también tienen un componente simbólico orientado al electorado latino en Estados Unidos, particularmente entre comunidades de origen cubano y venezolano en estados clave como Florida.

Las dificultades que ha suplido el gobierno de Trump tras los ataques a Irán, que aún no pueden ser presentados como una victoria, tomaron un efecto muy directo en la ciudadanía con el aumento en los precios del combustible. Por tal motivo, otra intervención, aunque pueda ser vista como una posibilidad, no estaría planteada en un escenario lógico», explica.

Un hombre aprovecha una lámpara pública para consultar su teléfono.

Obermaier sostiene que el actual contexto internacional podría abrir una oportunidad para que el presidente Trump reduzca la presión directa sobre Cuba y explore una salida política basada en la negociación, en lugar de una estrategia de confrontación abierta.

Para el consultor político, una apertura parcial del régimen cubano obtenida mediante diálogo podría ser interpretada por la administración estadounidense como una victoria política limitada, pero significativa, en materia democrática, sin necesidad de recurrir a una intervención directa que implique mayores costos políticos y estratégicos. Sin embargo, advierte que uno de los principales obstáculos para ese camino es la falta de interlocutores confiables entre ambas partes.

En este sentido, afirma que México pudiera servir como un posible mediador, debido a su capacidad para mantener canales de comunicación con el gobierno cubano y al mismo tiempo conservar una relación institucional con Estados Unidos.

Muchas decisiones de Trump suelen percibirse como movimientos inesperados, aunque en realidad responden a estrategias diseñadas con antelación. Desde esa perspectiva, cualquier cambio en la política hacia Cuba podría parecer repentino en el plano público, aun cuando forme parte de una planificación política previa dentro de la administración», agrega.

Sanciones y presión diplomática

Obermaier considera que, dentro del análisis de la política exterior del gobierno de Donald Trump, la posibilidad de una acción directa contra Cuba sigue siendo limitada.

El experto en comunicación y gerencia política afirma que un escenario de intervención tendría una probabilidad reducida, cercana al 10 %, debido a los altos costos políticos, económicos y diplomáticos que implicaría para Washington en el actual contexto internacional.

Señala que la estrategia de la Casa Blanca podría orientarse hacia un esquema en el que las sanciones y la presión diplomática no busquen necesariamente un colapso inmediato del régimen, sino generar condiciones que permitan una eventual transición negociada.

La opción con mayores posibilidades no sería una confrontación militar ni una presión extrema, sino un modelo de negociación indirecta en el que la presión política y económica funcione como mecanismo para abrir canales de diálogo entre ambas partes», asegura.

Atención concentrada en Irán

Juan Antonio Blanco, exdiplomático cubano y experto en relaciones Cuba-Estados Unidos, señaló en una entrevista con NTN24 que, aunque la atención internacional del presidente Donald Trump está concentrada actualmente en la crisis con Irán, eso no significa que Cuba haya salido de las prioridades estratégicas de la Casa Blanca.

Según su análisis, en los últimos meses se han producido señales políticas, diplomáticas y operativas que sugieren que Washington ha venido preparando distintos escenarios hacia la isla, incluso mientras el foco público permanece sobre el conflicto en Medio Oriente. Trump ha reiterado en varias ocasiones que su administración sigue evaluando la situación cubana, al tiempo que mantiene abiertos otros frentes internacionales.

Para Blanco, la percepción de que el gobierno estadounidense está exclusivamente concentrado en Irán puede resultar incompleta, ya que la presidencia trabaja a través de múltiples equipos simultáneamente en áreas como el Departamento de Estado, el Tesoro y los organismos de seguridad nacional. Esa estructura permite que distintos expedientes avancen en paralelo, incluso cuando la atención  política del mandatario se dirige a una crisis específica.

La actual crisis en Medio Oriente no necesariamente desplaza el expediente cubano, sino que podría estar retrasando el momento político más conveniente para una decisión. Trump ha señalado públicamente que primero busca resolver el frente iraní antes de avanzar en otros asuntos internacionales», sentencia.

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¿Devolverá algún día la Cuba comunista los miles de millones que confiscó?


Con Cuba sumida en una grave crisis económica, las personas cuyas propiedades fueron confiscadas por su gobierno comunista dicen que ha llegado el momento de resolver las espinosas reclamaciones de indemnización.

Un hombre mayor, apoyado en una silla de cuero, frente a un tablero con un diagrama a mano en inglés titulado “Transición en Cuba”. 
Teo A. Babún, hijo, en Miami este mes. Los consultores contratados por su familia calcularon que el valor de sus participaciones perdidas en Cuba ascendería a cientos de millones de dólares en 2018. Credit...Scott McIntyre para The New York Times

Teo A. Babún, hijo, guarda un grato recuerdo de la gran casa esquinera azul y blanca de Santiago de Cuba donde su abuela, una matriarca adinerada de la Cuba prerrevolucionaria, organizaba reuniones familiares para sus ocho hijos y 21 nietos.

Los Babún eran industriales que, como otros 200.000 cubanos acaudalados, huyeron de la isla tras la llegada de Fidel Castro al poder. Los Babún dejaron atrás un ferrocarril, un aserradero, un astillero y una fábrica de cemento, así como la gran finca llamada “La Mesquita”.

Durante un tiempo, Raúl Castro, hermano de Fidel y expresidente, vivió allí. Casi siete décadas después, el gobierno cubano la utiliza para albergar una asociación cívica árabe.

Conocida como “Casa del Árabe”, la casa, que incluye un restaurante, es una de las miles de propiedades confiscadas por el gobierno comunista a personas que salieron de Cuba, algunas solo con lo puesto, y nunca recibieron indemnización.

El sistema cubano parece estar al borde del colapso, y el gobierno de Estados Unidos está ansioso por acelerar la caída.

Mientras las dos partes negocian en secreto, ha resurgido un espinoso asunto que se remonta a décadas atrás: el valor incalculable de miles de millones de dólares en viviendas, fábricas, granjas, ingenios azucareros y otros negocios confiscados en los años posteriores a que la revolución socialista nacionalizara las empresas e instituyera políticas agrarias radicales.

“Si eres propietario de algo y alguien te lo quita sin ningún tipo de compensación ni resolución, no es justo”, dijo Babún. “Mi familia solo quiere justicia”.

Si Estados Unidos interviene en la negociación sobre el futuro de Cuba, los antiguos propietarios tienen esperanzas de que se aborde la cuestión.

Un edificio art déco curvado en blanco maltratado con ventanas de rendijas pintadas de azul.
La casa esquinera en Santiago de Cuba donde vivió la abuela de Babún.Credit...Teo A. Babun, Jr.
Una imagen enmarcada colgada en una pared de un terreno alrededor de una vía fluvial.
Una fotografía que muestra las tierras que Babún ha reclamado en Cuba.Credit...Scott McIntyre para The New York Times

Resolver las confiscaciones es complicado y llevaría años. Pero los expertos dicen que hay muchos precedentes en todo el mundo, desde Vietnam hasta Alemania y China, que ofrecen una hoja de ruta.

Durante años, el difunto padre de Babún, Teófilo padre, se dedicó a ayudar a los exiliados alzados en armas contra el gobierno de Castro, incluso en la fracasada invasión de Bahía de Cochinos.

El hijo, hoy de 78 años, dirigía una organización religiosa sin fines de lucro financiada por el gobierno estadounidense e intentó crear un registro de las propiedades arrebatadas a los cubanos, con la esperanza de que el Departamento de Estado estadounidense presionara a Cuba por esas pérdidas.

Pero la empresa resultó demasiado extensa y compleja, y su proyecto terminó con 8000 reclamaciones registradas, lo que representa una pequeña fracción de los casos potenciales. (Dijo que muchas personas parecían indecisas, temiendo que unirse a una reclamación conjunta anulara su capacidad de negociar acuerdos individuales más amplios con el gobierno cubano).

Su familia contrató a unos asesores en 2018, quienes calcularon el valor de las posesiones de la familia en ese momento en 874,2 millones de dólares, incluidos 9 millones por la casa, dijo.

Pero Babún dijo que el paso del tiempo y el agravamiento de la crisis en su país han suavizado su perspectiva.

“Hay que encontrar la solución que proteja a los actuales ocupantes, si se trata de una vivienda, y que no desplace a nadie”, dijo Babún. “Y al mismo tiempo encontrar justicia”.

Un hombre con camisa blanca y gorra de la OAA ante una estantería cargada de archivos con maquetas de barcos encima. 
Babún en la Outreach Aid to the Americas, organización sin fines de lucro que fundó en Miami. Credit...Scott McIntyre para The New York Times

Antes de 1959, Cuba estaba dirigida por un dictador, Fulgencio Batista, y era conocida como patio de recreo de las élites estadounidenses. A menudo se consideraba a los cubanos ricos como oligarcas que explotaban a los pobres.

Los hermanos Castro, que pretendían acabar con la corrupción rampante, la grave desigualdad económica y la dependencia de Estados Unidos, lideraron una guerrilla armada que derrocó a Batista.

Pocos meses después de tomar el poder, una ley agraria expropió las tierras agrícolas de más de 405 hectáreas y prohibió la propiedad extranjera de tierras. En 1960, Cuba confiscó refinerías de petróleo de propiedad estadounidense y nacionalizó grandes empresas.

Como venganza, Estados Unidos anunció un embargo comercial paralizante contra Cuba que sigue en vigor.

Una comisión del gobierno estadounidense documentó las pérdidas de empresas y ciudadanos estadounidenses, certificando casi 6000 reclamaciones por valor de 1900 millones de dólares. Con el 6 por ciento de interés que añadió la comisión, se calcula que las reclamaciones ascienden ahora a unos 9000 millones de dólares, una cantidad que Cuba difícilmente podría pagar.

Cinco de los 10 principales demandantes eran empresas azucareras estadounidenses. Entre los otros estaban Exxon, Coca-Cola, Colgate-Palmolive y Woolworth’s.

Un letrero desgastado de Coca-Cola detrás de una carga apilada 
Un cartel descolorido de Coca-Cola en La Habana. Las pérdidas de la empresa en Cuba fueron algunas de las que examinó una comisión del gobierno estadounidense. Credit...Lee Lockwood/Getty Images

Según la legislación estadounidense, para que se levante el embargo, el gobierno cubano debe devolver las propiedades o empresas o indemnizar a los propietarios estadounidenses cuyas confiscaciones fueron certificadas por el gobierno estadounidense.

Los funcionarios estadounidenses que se reúnen con los dirigentes cubanos para mantener conversaciones secretas han dejado claro que la compensación a los estadounidenses y a las empresas estadounidenses sigue siendo una prioridad clave.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba no respondió a las solicitudes de comentarios para este artículo.

A principios de la década de 1960, Estados Unidos y Cuba mantuvieron conversaciones durante casi un año en torno a la cuestión de lo que se consideraría una “compensación pronta y adecuada” por las confiscaciones, dijo William LeoGrande, profesor de la American University, quien escribió un libro sobre la historia de las conversaciones entre Estados Unidos y Cuba.

“Cuba no disponía de efectivo para pagar de inmediato y, en su lugar, ofreció bonos del Estado a largo plazo, lo que Estados Unidos dijo que no era ni rápido ni adecuado”, dijo.

Aunque el gobierno estadounidense negocia en nombre de los estadounidenses o de las empresas estadounidenses con reclamaciones certificadas, técnicamente no es así en el caso de los numerosos exiliados cubanos que abandonaron sus hogares y negocios.

Cuba los consideraba “abandonados” y se los llevó cuando el gobierno se propuso ostensiblemente redistribuir la riqueza. Pero el gobierno se quedó con muchos. Solo los cubanos que se quedaron fueron indemnizados por las propiedades que perdieron, dijo Lisandro Pérez, estudioso de Cuba en el John Jay College of Criminal Justice de Nueva York, quien escribió unas memorias sobre la casa de su familia en Cuba.

Una imagen de un barco colgada en una pared con paneles de madera, con modelos de patos encima. 
Un cuadro que muestra un barco de la familia de Babún en Cuba. Credit...Scott McIntyre para The New York Times

Nunca se ha hecho público ningún recuento oficial de las confiscaciones realizadas por el gobierno cubano. No existe un cálculo confiable de cuántas son ni de cuánto se les podría adeudar a los exiliados.

“No éramos partidarios de Batista, no éramos políticos ni estábamos cometiendo delitos: deberíamos recuperarlo”, dijo Nicolás Gutiérrez, un abogado cubano-estadounidense de Miami cuya familia perdió una fortuna estimada en 50 millones de dólares estadounidenses a principios de la década de 1960.

Sus propiedades incluían dos ingenios azucareros, 15 ranchos de ganado, un molino de arroz, una plantación de café, un banco, una compañía de seguros y una empresa de distribución de alimentos al por mayor.

Gutiérrez, secretario corporativo de la Asociación Nacional de Terratenientes Cubanos en el Exilio, también trabaja como asesor de otras familias cuyas propiedades fueron expropiadas y está involucrado en una demanda contra Expedia por reservar clientes en hoteles que el gobierno cubano construyó en propiedades confiscadas en la playa.

Expedia alega que los demandantes carecían de legitimación activa, pero el caso sigue adelante.

Gutiérrez, de 61 años, nunca ha estado en Cuba. Pero afirma que si el gobierno devuelve las propiedades de su familia, esta volverá a ponerlas en producción y ayudará a la maltrecha economía cubana.

“No todos los miembros de la familia se apresurarán a regresar. Yo sí lo haré”, dijo. “Mi opinión es que Cuba está en un agujero tan profundo que, para salir de él, va a necesitar conseguir nuevas inversiones extranjeras en serio”.

Los expertos coinciden en que sería inviable devolver las casas que se entregaron a inquilinos o se dividieron en apartamentos multifamiliares. Nadie aboga por desalojos generalizados. Pero muchas mansiones majestuosas están siendo utilizadas por diplomáticos internacionales o ministerios gubernamentales.

Una casa que la familia Gutiérrez poseía en el barrio del Vedado de La Habana está ocupada por Lloyd’s of London. Los vecinos de una calle de La Habana donde la familia tenía otra casa dijeron que las propiedades que estaban “abandonadas” no debían devolverse.

Un hombre de traje sostiene una gran hoja de papel mientras permanece de pie junto a una mesa con sillas de mimbre, en una habitación decorada con platos pintados. 
Nicolás Gutiérrez en su casa de Miami este mes. Las propiedades que dejó su familia incluían ingenios azucareros y una compañía de seguros. Credit...Scott McIntyre para The New York Times

Jorge González Amores, un vecino, dijo que si abandonaron el país significaba que no les interesaba el edificio.

Los expertos han ofrecido diversas propuestas, como la creación de fondos público-privados para reconstruir la red energética de Cuba y utilizar parte de las ganancias para indemnizar a los antiguos propietarios, dijo Jason Poblete, abogado que representa a propietarios estadounidenses y cubanoestadounidenses.

Los expertos señalan a Vietnam y Alemania, que en la década de 1990 utilizaron activos congelados en Estados Unidos para pagar reclamaciones de propiedad. Pero en la Unión Soviética y China, los propietarios solo recibieron una fracción del valor de las propiedades confiscadas.

En otros países, los fondos de compensación se generaron mediante la privatización de empresas estatales.

Pero Cuba afirma que también tiene reclamaciones contra Estados Unidos.

En 1999, un tribunal cubano declaró al gobierno estadounidense responsable de las muertes y daños causados por sus “políticas agresivas” contra Cuba, incluidos la invasión de Bahía de Cochinos y el embargo comercial estadounidense. La cuenta entonces: 181 mil millones de dólares.

Carlos Fernández de Cossio, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, dijo en una entrevista reciente con el sitio web Drop Site News que, en la década de 1960, Cuba había ofrecido un “acuerdo holístico” sobre propiedades que pertenecían a estadounidenses y a empresas estadounidenses con un pago único, pero que Estados Unidos se había negado.

Fernández de Cossio dijo que una suma global era la única solución. En ese caso, el gobierno cubano pagaría al gobierno estadounidense, que luego tendría que distribuir los pagos entre quienes perdieron propiedades.

Un libro titulado “Los Propietarios de Cuba 1958″, junto a unos papeles sobre un mantel floreado.
Un libro sobre propietarios cubanosCredit...Scott McIntyre para The New York Times
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Una mano sobre la página de un libro que muestra una pequeña fotografía de hombros y cabeza con un pie de foto que dice: Nicolás Castaño Capetillo.
Gutiérrez señalando una foto de su abuelo.Credit...Scott McIntyre para The New York Times

Richard Feinberg, investigador de la Universidad Internacional de Florida, quien ha estudiado las reclamaciones de propiedad, dijo que abordar la cuestión era importante para normalizar las relaciones diplomáticas y establecer un entorno empresarial de confianza en Cuba.

El tema fue objeto de dos reuniones entre Cuba y el gobierno de Barack Obama, pero sin resolución. Feinberg mantuvo conversaciones con funcionarios cubanos como parte de su investigación y dijo que no parecían interesados.

“El gobierno cubano no parecía entenderlo”, dijo. “Me decían Richard, ¿por qué le das tanta importancia a algo que ocurrió hace 50 o 60 años?”.

“Es indicativo de lo poco que el gobierno cubano entendía de la economía y del capitalismo”, añadió. “No entendían la propiedad privada”.

Enrique Carrillo, cuya familia era propietaria de la destilería de ron Santa Cruz, al este de La Habana, dijo que estaba ansioso por que se indemnizara a las familias cubanas y por ayudar al país a reconstruirse.

“Llevamos mucho tiempo esperando este momento y que las estrellas se alineen”, dijo Carrillo. “Mi padre trabajó muy duro durante muchos años para construir la empresa, y yo no pienso pasar página. Mi familia no piensa pasar por alto la historia”.

Ed Augustin colaboró con reportería desde La Habana.

Frances Robles es una reportera del Times que cubre América Latina y el Caribe. Lleva más de 25 años informando sobre la región.

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