EN EL ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO
Luis Herrera Campíns llegó a la presidencia de Venezuela en 1979, tras décadas de activismo político. Se enfrentó en esas elecciones presidenciales a Piñerúa Ordaz, Prieto Figueroa, José Vicente Rangel y Renny Ottolina, bajo las consignas: ¡Luis Herrera arregla esto! y ¡Dónde están los reales!
Este llanero refranero nació el 4 de mayo de 1925, en pleno apogeo de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Desde joven, su vocación política lo llevó a la Unión Nacional Estudiantil (UNE), antecedente del Partido Socialcristiano COPEI, y más tarde a la Universidad Central de Venezuela, donde consolidó su liderazgo como fundador del movimiento demócrata cristiano junto a Rafael Caldera.
Su primer cargo público llegó en 1948, cuando fue elegido diputado a la Asamblea Legislativa del estado Portuguesa, pero su mandato fue truncado por la junta militar que derrocó a Rómulo Gallegos. En su lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez, participó activamente en la resistencia estudiantil y, tras ser desterrado, culminó sus estudios de derecho en España.
Como Presidente de la República, su gestión enfrentó la primera gran devaluación con el Viernes Negro de 1983 y una profunda recesión, pero aún en medio de aquella primera gran crisis, supo tejer una relación única con el pueblo a través de los refranes. Ante la adversidad de los precios del petróleo, advertía con su estilo campechano: “A comprar alpargatas, que lo que viene es joropo”, mientras que su visión de la incertidumbre se reflejaba en “El mar es mar hasta la orilla”.
Fue el Zulia uno de los estados donde brilló su impronta. Bajo el mandato de su gobernador Gilberto Urdaneta Besson, se materializaron obras que trascienden lo material. Aunque el Instituto Arquidiocesano Niños Cantores del Zulia fue fundado en 1975 bajo iniciativa de la iglesia, fue el presidente Herrera quien, en 1979, apuntaló su crecimiento y culminación dándole paso al complejo educativo y cultural que hoy es emblema en Maracaibo, con su escuela, teatrino, biblioteca y una moderna zona deportiva;
La semilla del legado Herrerista es, sin duda, pedagógica y cultural. A su ejemplo, hoy los venezolanos debemos alzar la vista: la cultura y la educación son las bases inquebrantables de cualquier república que ansíe recuperar la democracia.
En este centenario de su nacimiento, mientras recordamos a un presidente que supo sortear crisis con humor y sensatez, surge una enseñanza para el país que lucha por renacer. Cuando la oscuridad intente opacar el camino, recordemos sus palabras: “Vamos a defender la obra cultural y educativa... la educación queda para toda la vida”.
Que su ejemplo sea la chispa para levantar de nuevo una Venezuela en paz, donde la honestidad administrativa y la fe en el futuro sean la única guía hacia la recuperación de nuestras libertades.


