El proceso de nacionalización de la industria petrolera culminó en 1976, pero comenzó mucho antes y tuvo consenso nacional

Venezuela, política y petróleo tituló Rómulo Betancourt su libro clásico, publicado en el exilio boricua en 1956. La edición que tengo es la de Senderos, de 1969. Entretejido de contexto histórico-político y como cabe suponer, de argumentación partidaria, el libro es un largo y detallado relato del empeño venezolano en dominar la riqueza de su subsuelo, legalmente heredada por la República de la legislación que el pensamiento mercantilista aconsejaba a la monarquía española.
“Ningún historiador es imparcial” dice el propio autor en su prólogo a la segunda edición, es una “majadería” que se niega a cometer. Su recorrido en el tiempo va desde la “República en venta” de Castro y Gómez hasta el epílogo con “La política nacionalista de petróleos posterior a la dictadura (1958-1967)”.
En 1992, el fraterno Diego Bautista Urbaneja publica Pueblo y Petróleo en la política venezolana del siglo XX, un texto importante que aborda desde otro ángulo la misma cuestión. La noción de pueblo es una inquietud constante en las reflexiones de DBU y en las apremiantes llamadas de atención que nos hace sin subir la voz. Desde el programa positivista al programa democrático con sus vicisitudes, va analizando esa relación que marcó la historia de nuestro siglo pasado y que corsi e ricorsi nos reaparece en el XXI.
Son historias de nuestra historia que no deberíamos olvidar y que las nuevas generaciones no deben ignorar.
Desde que en diciembre pasado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se refirió a que los venezolanos habíamos “robado” su petróleo, estoy por escribir estas líneas sobre el proceso que llevó a la nacionalización de la industria y el comercio de los hidrocarburos venezolanos en 1976 durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Sucesivos gobiernos y congresos democráticos, desde el Pacto de Punto Fijo y la lucha contra la política de restricciones estadounidense, la participación razonable en el negocio y las mejoras para los trabajadores petroleros, la política de no más concesiones, la creación de la CVP y la fundación de la OPEP, fueron conduciendo a la nación hacia esa trascendente decisión. El tema se discutió amplia e intensamente, con la diversidad de posiciones que es propia de la pluralidad de visiones e intereses, hasta que fuimos aproximándonos a un consenso nacional. En esa ruta los ministros Pérez Alfonso, Mayobre, Pérez Guerrero, Pérez La Salvia y Hernández Acosta tuvieron la responsabilidad de conducir con tino una política decisiva.
El camino había empezado antes, con Medina. En su intervención en el Senado en 1975, Betancourt rindió homenaje a la labor de Gumersindo Torres, Néstor Luis Pérez y Alberto Adriani, su amigo este último, pero los tres altos funcionarios de gobiernos a los que hizo oposición. La reforma a la Ley de Hidrocarburos para los Contratos de Servicio, pregunta única de mi examen de segundo parcial en Derecho Minero, la Ley de Reversión, la Ley de Nacionalización de la Industria del Gas.
En los comicios de 1973 todos los candidatos, salvo Pérez, prometieron explícitamente nacionalizar la industria. Éste asumió la tarea con decisión y con amplitud que puede verse en la Comisión Presidencial para la Reversión de la Industria Petrolera designada en marzo de 1974, apenas tomó posesión. La presidía su ministro del área e integraban los titulares de Hacienda, Fomento, Cordiplan y el vicepresidente de la CVP; los presidentes de las comisiones de Minas e Hidrocarburos de Senado y Diputados. Propuestos por cada organización, representantes de todos los partidos, las organizaciones laborales y empresariales, Pro-Venezuela y el Consejo Bancario Nacional, las universidades, los colegios de Ingenieros, Abogados y Economistas más otros cinco designados por el propio presidente con un sentido pluralista que incluyó a distinguidos independientes.
Tras un debate nacional y parlamentario se sancionó la Ley, se creó Pdvsa que sin ser perfecta, fue una empresa modelo de calidad mundial. Después vinieron el cambio del patrón de refinación, la internacionalización y la apertura petrolera durante Caldera II. Todo sin traumas internos o externos, con respeto riguroso al Derecho y en paz, como reconoció el mundo y varios gobiernos norteamericanos de uno y otro partido.

Los yerros reiterados, obra de la superstición ideológica y la corrupción, posteriores a 1999 son excepción y nunca regla en esa historia que en su esencia, es motivo de orgullo para los venezolanos.
La discusión del proyecto de reforma a la Ley de Hidrocarburos comenzó en la Asamblea Nacional. Cuando escribo, no se ha publicado el proyecto anunciado. Supongo que al aparecer este artículo ya se conocerá, porque los diputados que lo tramitarán necesitan conocerlo y estudiarlo y el país entero, el pueblo que somos, estar informado y consciente de la importancia que para su vida tiene.

