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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, septiembre 09, 2026

El acuerdo de La Meca: Arabia Saudita, Paquistán y Turquía


Tomada de France 24

José Castrillo M (*) 

El acuerdo de defensa firmado recientemente en La Meca por Arabia Saudita, Pakistán y Turquía no es simplemente otro pacto militar en una región acostumbrada a las alianzas coyunturales. Es una señal política muy interesante: tres potencias del mundo musulmán están comenzando a construir una arquitectura de seguridad menos dependiente de Estados Unidos y más orientada hacia la autonomía estratégica.

¿Por qué ahora este pacto entre tres potenciales regionales? Porque el Medio Oriente de 2026 ya no es el mismo de hace una década. Las guerras de Gaza, la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán, la crisis de seguridad del Golfo y los ataques contra infraestructuras estratégicas han demostrado que las fronteras de los conflictos regionales son cada vez más permeables. La seguridad de un Estado puede quedar comprometida por una guerra que se desarrolla a cientos de kilómetros de sus fronteras.

Arabia Saudita ha extraído una conclusión clara: el dinero, los sistemas de armas occidentales y la protección estadounidense son importantes, pero no suficientes. Riad necesita ampliar sus opciones. El pacto con Turquía y Pakistán responde precisamente a esa necesidad.

Arabia Saudita aportaría recursos financieros, energía e influencia política. Turquía ofrece capacidad militar convencional, industria de defensa, drones, inteligencia y experiencia operacional. Pakistán incorpora una poderosa estructura militar y, sobre todo, el factor estratégico derivado de su condición de potencia nuclear. La combinación crea una ecuación de disuasión que ningún miembro podría alcanzar por separado.

Pero aquí aparece una precisión fundamental: el pacto no significa que Pakistán haya extendido oficialmente su arsenal nuclear a Arabia Saudita o Turquía. Hablar de un “paraguas nuclear islámico” sería, por ahora, una interpretación excesiva. Su verdadera fuerza reside en la incertidumbre que genera en los potenciales rivales.

El mensaje para Irán

Aunque ningún enemigo aparece explícitamente identificado, Irán es inevitablemente uno de los destinatarios del mensaje. Teherán tendrá que asumir que una eventual confrontación con Arabia Saudita ya no puede analizarse exclusivamente en términos bilaterales. Turquía y Pakistán pasan a formar parte del cálculo estratégico. Esto puede tener un efecto estabilizador: cuanto mayor sea el costo esperado de una agresión, menor será el incentivo para iniciarla.

Pero existe una segunda posibilidad. El equilibrio de poder puede transformarse en una carrera de alianzas. Irán podría profundizar sus relaciones con Rusia y China, reforzar sus vínculos con actores no estatales de la región y buscar nuevos mecanismos de compensación.

La reacción prudente de Teherán revela que comprende el peligro de sobrerreaccionar. Convertir inmediatamente el pacto en un bloque anti-iraní podría contribuir precisamente a consolidarlo.

Israel ante una nueva incertidumbre.

Para Israel, el acuerdo introduce otro elemento de complejidad. Turquía mantiene una posición abiertamente crítica frente a su política; Arabia Saudita condiciona una eventual normalización a la cuestión palestina; y Pakistán no reconoce al Estado israelí.

Sin embargo, tampoco sería correcto interpretar automáticamente el pacto como una alianza contra Israel. Su carácter declarado es defensivo. La verdadera implicación para Tel Aviv es estratégica: cualquier escalada regional tendrá que calcular ahora una mayor posibilidad de involucrar indirectamente a Arabia Saudita, Turquía o Pakistán. El margen para una escalada controlada puede reducirse.

El problema para Washington

Washington seguirá siendo una potencia decisiva en Medio Oriente, pero está perdiendo algo que durante décadas pareció incuestionable: su posición como garante exclusivo de la seguridad regional.

Arabia Saudita se acerca simultáneamente a China; Turquía mantiene una política exterior autónoma dentro de la OTAN; Pakistán profundiza sus vínculos con Pekín. El mensaje es claro: los aliados estadounidenses ya no quieren depender de una sola potencia.

Esto no supone una ruptura con Washington. Es una estrategia de cobertura. Los países de la región quieren disponer de varias opciones para negociar, comprar armas, obtener inversiones y construir mecanismos de seguridad.

El acuerdo de La Meca debe interpretarse, finalmente, como parte de una transformación mucho mayor. El viejo sistema regional, basado en la superioridad militar israelí y la presencia estadounidense, está dando paso a un escenario más complejo.

Estados Unidos conserva poder militar; China amplía su influencia económica; Rusia mantiene capacidad estratégica; Irán continúa siendo una potencia regional; Israel conserva una extraordinaria capacidad militar; mientras Turquía y Arabia Saudita intentan convertirse en polos autónomos de poder.

Este pacto, puede ser una gran oportunidad para un Medio Oriente que busca su propio camino, en un marco estratégico regido por la competición entre grandes naciones, que procuran crear esferas de influencias donde convergen sus intereses geoestratégicos, económicos y tecnológicos.  

Arabia Saudí, Paquistán y Turquía tomaron nota de la célebre frase del primer ministro canadiense, Mark Carney, “si no estás en la mesa, estás en el menú.”

(*) Politólogo/Magíster en Planificación del Desarrollo Global.

https://politikaucab.net/

La familia de Tareck El Aissami se instala en Madrid mientras le juzgan por el caso Pdvsa-Cripto

Este folleto publicado por Ministerio Público el 9 de abril de 2024 muestra al exministro de petróleo venezolano Tareck El Aissami (R) detenido por miembros de la Policía Nacional Anticorrupción.

La familia de Tareck El Aissami, quien llegó a convertirse en el número dos de Nicolás Maduro y, posteriormente, asumió el control político del estratégico sector petrolero venezolano, se ha instalado en Madrid, España. Su esposa, Riada Rudy Aamer, y sus hijos han establecido su residencia en una zona exclusiva de la capital, según ha podido saber THE OBJECTIVE.

Por Enrique Morales | THE OBJECTIVE

El traslado se produce mientras El Aissami permanece en Venezuela y es juzgado por el denominado caso Pdvsa-Cripto, una causa relacionada con la desaparición de miles de millones de dólares procedentes de la venta de petróleo.

La familia de El Aissami ya contaba, además, con antecedentes en Madrid. Randa Aamer Maaz, cuñada del exvicepresidente venezolano, trabajó en la filial española de la estatal Corporación Venezolana de Guayana (CVG). Su presencia en la sociedad madrileña salió a la luz en 2020, cuando la nueva dirección de CVG Internacional Filial Europea la apartó de la compañía junto a otros responsables vinculados al Gobierno de Maduro.

La relevancia de la llegada de su familia a España está relacionada con el peso que El Aissami llegó a tener dentro del chavismo. No fue únicamente ministro. Maduro lo nombró vicepresidente ejecutivo de Venezuela en enero de 2017, convirtiéndolo institucionalmente en el segundo cargo del Ejecutivo. Permaneció en ese puesto hasta junio de 2018, cuando Delcy Rodríguez le sustituyó como vicepresidenta. El cambio no supuso entonces su salida del círculo de poder: Maduro lo puso al frente de la Vicepresidencia Económica y del recién creado Ministerio de Industrias y Producción Nacional.

Su acumulación de poder continuó. En abril de 2020 fue nombrado ministro de Petróleo, un puesto particularmente sensible en un país cuya principal fuente de divisas dependía de Pdvsa. El Aissami quedó así situado en el centro de la política energética y de las operaciones con las que Caracas intentaba mantener las exportaciones de crudo pese a las sanciones internacionales.

Pero aquella etapa terminó abruptamente en marzo de 2023.

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