Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

viernes, febrero 01, 2008

Un mamador de gallo llamado Francisco Carrasquero

Ataviado con aires de circunspecto jurisconsulto, el distinguido e imperturbable Francisco Carrasquero, aquel que tanto hizo molestar a cierta ciudadanía cuando extremaba su celo para tomar decisiones que no molestaran al gobierno mientras era rector del Consejo Nacional Electoral, se nos luce ahora en el discurso que da inicio al año judicial con una de sus perlas más encumbradas: el ejercicio del derecho y la toma de decisiones en la justicia pueden y deben estar politizadas. Pretender lo contrario a estas alturas del partido es una hipocresía.
El mismo sujeto que, cuatro breve años atrás, con tono teatral de estudioso del derecho, intentaba calmar a la audiencia prometiendo "transparencia e imparcialidad" para tomar decisiones como rector electoral.
Imposible olvidarlo junto a su conmilitón Jorge Rodríguez, antes de que ambos abandonaran la impoluta postura de locutores y salieran del closet, ofendidos majestuosamente cuando tanta gente les señalaba eso que saltaba a la vista: no podían estar al frente de cargos tan delicados, porque por mejores intenciones que les animaran, no eran ciudadanos consagrados a la ciencia jurídica, ni desinteresados juglares amantes de las humanidades y del bien común, sino dos redomados chavistas, expertos en interpretar, según el caso, la Constitución o la Ley Electoral para defender los intereses del gobierno.
Bajo ese tenor nació la figura de "los reparos": uno de los ardides políticos más fraudulentos que ha emanado el poder público en este país en las últimas décadas.
Haber tenido a Carrasqueño y a Rodríguez en el CNE era exactamente lo mismo, visto a la distancia, que haber tenido la ocurrencia de resolver el entuerto colocando en el CNE a Cilia Flores. O a Antonio Ledezma, para que podamos entendernos. Fue el propio Chávez quien puso en la mesa la palabra imparcialidad y se trajo la metáfora del árbitro para dirimir el problema.
El discurso de nuestro humorístico magistrado queda completo cuando, entre una sentencia y la otra, acude a la misma simpleza que el resto de sus compañeros de partido (que me perdone el magistrado: la careta ya está en el suelo): la corrupción que sacude al planeta "es culpa del capitalismo".
No tengo intenciones de quitarle culpa al capitalismo su cuota responsabilidad en algunos de los males de este mundo, pero ¿sería mucho pedirle, a Carrasquero y a Chávez, un poco más de rigor cuando preparan discursos? Es decir ¿no se robaba antes de que naciera Adam Smith? ¿Alguien ha escuchado los cuentos de la fortuna que al morir dejaron, por ejemplo, Tito o Nicolae Ceaucescu? ¿Han leído estos estimables defensores del deber "Los privilegios de la URSS"? ¿Qué hay de aquel querubín que llamaban Mengistu Haile Mariam, el paladín del leninismo africano? No hace falta tener una empresa para amar la sabrosura y el dinero ajeno. Los países en los cuales menos se roba son aquellos en los cuales sus jueces hacen respetar la ley, y los procesos administrativos estatales son sencillos, y existe una poderosa moral pública que limita el espacio del cohecho. Naciones en las cuales sus gobernantes entiendan que su paso por el gobierno está destinado a ser pasajero y se sienten obligados a rendirle cuanta de lo que hacen a sus ciudadanos. Las naciones civilizadas, las llaman.
Pregúntese, amigo Carrasquero, cuáles son los niveles de corrupción en lugares tan capitalistas como Finlandia, Canadá o Noruega.
Hasta pena da tener que rebatir tonterías de ese tenor a estas alturas. ALONSO MOLEIRO / Tal Cual

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