Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

martes, enero 08, 2008

La autodestrucción de Hugo Chávez / Oswaldo Barreto

En el período que se extiende de un diciembre a otro, entre los años de 2006 y 2007, la figura del presidente Chávez ha sufrido una metamorfosis radical. Los rasgos determinantes y universalmente conocidos de aquella figura ya no existen o se desvanecen día a día, en forma precipitada y al parecer incontenibles. El gobernante que, desde su llegada al poder por la voluntad popular, no ha perdido ocasión para mostrar que cuenta con una masa de seguidores capaz de brindar sostenido apoyo, de manera uniforme e incondicional, a todas sus decisiones, es ya puro recuerdo, imagen del pasado. Y lo mismo ocurre con la imagen del líder político que, empeñado en convertir su atrabiliaria manera de pensar y de actuar en una ideología capaz de transformar política y socialmente a todo el continente, cree contar no sólo con una amplia gama de aliados, sino con el reconocimiento o, cuando menos, con la atención de gobernantes y pueblos de todas las áreas del planeta.Y se desvanecen igualmente otras imágenes que, a lo largo de diez años de agitado y singularísimo quehacer, ha logrado fabricarse Hugo Chávez; entre ellas, la de ser el demiurgo que ha convertido a las fuerzas armadas nacionales en guardia pretoriana o en escudo protector de su acción como gobernante y líder político.
LAS TRES FASES DE LA METAMORFOSIS

Como la mayoría de las metamorfosis, ésta que ha sufrido la figura del Presidente y líder político de Venezuela, no se ha dado repentinamente, sino a través de sucesivas fases que jalonan el lapso comprendido entre diciembre del 2006, al diciembre que seguimos viviendo. Y estas etapas, si bien se hallan orgánicamente enlazadas entre ellas, se presentan cada una con rasgos, tan singulares y de tanta relevancia, que reclaman respectivamente particular atención de manera que cuanto pueda haber de común entre ellas, como estilo o forma bien característica de gobernar, se nos puede escapar: tan raros e interesantes son los árboles que corremos el riesgo de no ver el bosque que conforman.
Ocurre, en efecto, que podemos tener la presunción que ya nadie ignora que las tres fases o etapas a las que aludimos están representadas por el referendo de diciembre sobre la reforma constitucional, por la intervención humanitaria del presidente de Venezuela en el proceso de canje y liberación de prisioneros y rehenes en Colombia y, finalmente, por la medida de amnistía dictada por el Presiente mediante un decreto Ley. Y es que tal ha sido el interés que ha despertado el génesis y evolución de estos diferentes conjuntos de acontecimientos, tal la masa de información comentarios y análisis que ellos han suscitado (particularmente los dos primeros), que es legítimo presumir que nadie ignora cuánto pueden haber influido en la condición y el destino de Hugo Chávez como gobernante y como líder de una corriente política.
En todo caso, no tenemos la capacidad y menos aún la pretensión de aportar nada nuevo sobre ninguno de esos tres conjuntos. Sentimos, en cambio, la necesidad de salirnos de nuestros habituales espacios en TalCual, nuestras columnas Pórtico y Balanza de palabra, para ocuparnos, así sea de manera somera, no de lo que hay de distinto entre ellos, sino de lo que los une y los transforma en signos de un estilo de gobernar, en manifestaciones exantemáticas de una muy singular voluntad de poder. Pretendemos, pues, hablar del bosque tan particular que representa el régimen político de Hugo Chávez y no de las características particulares de cada uno de los árboles que lo conforman. Y, como es de rigor, en estos menesteres, iremos de los signos que nos son más familiares a los que se nos presentan como más novedosos. Tal Cual digital

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