Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, noviembre 19, 2007

Lo que sale es votar


L a decisión de participar o no en elecciones o, para el caso, en el referéndum sobre la reforma constitucional no puede ser vista como un asunto de principios ni como un dogma de fe. Votar o no es una determinación de política práctica, que depende de la coyuntura política y de la correlación de fuerzas. Para decirlo en cierta jerga político-militar: es un asunto táctico y no estratégico. Por supuesto, hay una premisa decisiva: la táctica no puede perjudicar la estrategia sino contribuir a su desenvolvimiento. Debe haber correlación entre una y otra.

Planteado como está un proceso de acumulación de fuerzas, de hacer cuajar las potencialidades existentes en el universo opositor, hoy todavía débiles y precarias, la táctica debe contribuir a ese propósito. Lo que estamos viviendo es equivalente a una pelea de boxeo de 15 rounds o a un maratón de 42 kilómetros. Así como un buen boxeador dosifica sus fuerzas, al igual que un buen maratonista, y no se agotan en esfuerzos desmedidos, que los dejen exhaustos a mitad de su empeño y debilitados frente al adversario, en política también es prudente saber acumular fuerzas y utilizarlas midiendo bien el momento en que se está y lo que queda por delante. Aunque varias veces hemos insistido en la fragilidad inmanente de este gobierno, cuyo poderío tiene bastante que ver con la debilidad de sus adversarios, lo cierto es que la correlación de fuerzas es todavía desventajosa para el campo opositor. De allí que sería un error, a nuestro juicio, eludir escenarios políticos donde medirse con el gobierno y fortalecer, activa y no pasivamente, el campo opositor. En otras palabras, ya sea que el referéndum tenga lugar el 2/12 o en una fecha posterior, a menos que la reforma sea retirada, siempre estaremos ante un escenario electoral y confrontarse activamente con el gobierno, dándole al rechazo el peso del voto NO, es lo que sale, como una estación en un camino que sigue más allá y para el cual se debe acumular más f u e r z a s .

P o r q u e , ganando o perdiendo, Chávez seguirá en el gobierno y, por tanto, la lucha continuará. Hacer la campaña, organizar la participación, preparar una maquinaria electoral y votar es la manera de ir volteando la correlación de fuerzas. La búsqueda de "atajos" o el suicidio abstencionista es lo que en buena medida nos tiene aquí. Quien no aprende de la historia, está condenado a repetirla. Lo peor que nos puede ocurrir es abortar las posibilidades crecientes de un triunfo en el futuro, metiéndonos ahora por un "atajo" o dejando de votar.
Teodoro Petkoff

viernes, noviembre 16, 2007

Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez (Einstein)

Recientemente estuve en una asamblea de comerciantes, altos ejecutivos y profesionales. Expuse mis razones para votar NO. Después, una dama que se identificó como abogada y ex consultora jurídica de una institución pública, me deslizó un papelito donde consignaba una refutación a mi posición. Rezaba así: "Votar en el referéndum equivale a votar en el caso de una persona a la cual van a fusilar. ¿Cómo se puede votar si en Venezuela está prohibida la pena de muerte?" El argumento, aunque parece tonto, es el mismo que, con más sofisticación, sostiene que no se puede "legitimar" con el voto un acto inconstitucional, que arranca de un fraude a la Constitución. En el ejemplo del paredón, debe suponerse que la abogada que lo empleó, es de las personas que no pudiendo impedir el fusilamiento por otros medios pero teniendo la oportunidad de hacerlo mediante el voto, se abstendrían, dejando morir al infortunado: ella no podría convalidar un acto ilegal. No importa que la persona muera, nuestra abogada habrá preservado la pureza virginal de su alma legalista. Es lo mismo cuando nos remitimos a quienes se niegan a "legitimar" con su voto un acto inconstitucional. Llegado el referéndum, ellos se abstendrían. La pureza de sus principios constitucionalistas se habrá salvado. No importa que muera la República, con tal que se salve el alma de nuestro abstencionista. Con adversarios así, Chacumbele no necesita partidarios: Chávez forever SIMÓN BOCCANEGRA

miércoles, noviembre 14, 2007

Idiota no es cualquiera Sr. Director:

Se necesita vocación y entrenamiento. Sea cual sea el empaque. Porque hay varias clases de
idiotas: los invisibles y los que encandilan. Los inoloros y los que apestan. Los insípidos y los
que empalagan. Hay idiotas con toga e idiotas con botas. Hay idiotas de reciente cosecha y los hay añejados. Hay idiotas por conveniencia y hay idiotas por convicción.

Todo idiota, sin embargo, tiene su equipamiento básico: una serie de rasgos peculiares que lo definen y lo separan del resto de la especie. el idiota típico, por ejemplo, no distingue colores ni matices. Ve el mundo en blanco y negro. Alimenta su discurso con dicotomías. Pobres y ricos.
Patriotas y lacayos del imperio. Buenos y malos. Capitalismo y socialismo. Bush y el otro. El
idiota practica el autoengaño. Cree que maneja a los demás... y los demás lo usan. Lo ponen,
verbigracia, a dar insultos a un gringo en tierra ajena, mientras el anfitrión voltea su
estrabismo para desentenderse. O algún analfabeto presidente, embutido en un poncho, le organiza un acto de adulación para vaciarle la bolsa mientras habla.

El idiota no sabe lo que dice. Usa la lengua pero no el cerebro. Le rinde culto a la consigna.
Llama a formar 'uno, dos, tres Vietnam', sin recordar el sufrimiento que un solo Vietnam le causó al mundo. O grita a todo gañote 'Patria, socialismo o muerte', como opciones alternativas de futuro. Como una amenaza enarbolada a los cuatro vientos, que deja sin espacio a quienes creen en la humanidad, la libertad y la vida.

El idiota no sabe sacar cuentas. Se mira en el espejo y grita '¡Somos dos!'.

El idiota, en efecto, asocia a su país con tres países pobres y pequeños...y cree que el imperio
está temblando. Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua se embarcaron en esa aventurilla que es ALBA. Unidos suman unos 50 millones de habitantes. La mitad de los que tiene México. La cuarta parte de los de Brasil. La sexta parte de la población del imperio. Bush no se ha dado ni cuenta de que el ALBA respira. El idiota no sabe que los demás lo ven. Persigue al hombre de su vida (sino existiera Bush lo inventaría) por toda América Latina, y luego dice que aquél lo anda buscando.

Monta un show de bostezos y de insultos en un pequeño estadio de un barrio bonaerense y luego va a dormir en el Sheraton hotel. Prédica y conducta por distintos rumbos. El idiota no tiene identidad política. En Argentina se proclamó hijo de Bolívar, de San Martín, de Tupac Amaru, del Ché Guevara y de Perón. Cuando visita Cuba es hijo de Martí. En Nicaragua es hijo de Sandino.

En Perú, de Velasco. En la China, de Mao. Esa mezcla de padres tan disímiles tal vez sea responsable del desorden ideológico que el pobre idiota carga entre verruga y ceja.

El idiota prefiere lo parejo. Le tiene miedo a la diversidad. Por eso quiere un partido único
donde todos complazcan sus caprichos. Y un pensamiento único que evite la comezón de la
disidencia. Y un líder único y eterno, cuyo dedo decida el rumbo el país. El idiota no asume
responsabilidades. La culpa es siempre de otro. Del neoliberalismo. Del imperialismo. De la
oligarquía. De los medios de comunicación. De sus ministros, incluso. Es un experto en el arte de
lavarse las manos. El idiota se cree grande porque hay otros idiotas que lo aplauden. El idiota se
cree tigre de acero. El idiota no sabe que el acero también se derrite.