S e pararon los motores. Se atascaron las ruedas del cambio de Constitución y las leyes habilitantes. Al gobierno le será más difícil hacer girar la otra rueda, la de la h mayúscula, en dirección al socialismo autoritario. El gobierno no pudo legitimar su visión sobre el Estado, la economía y la sociedad. Ahora, el frenazo popular que lo detuvo desatará sus fuerzas de tracción: entre los que aceptan los resultados y los que quieren vulnerarlos; entre quienes desean diálogo y los que piden represalias; los que exigen solucionar problemas y los que convocan a los combates del pasado.
No sólo fue rechazado un proyecto. El Presidente, que suplantó la reforma por una decisión sobre su persona, sufrió una doble derrota política. La cual aceptó. A manotazos, imprecaciones y cavilaciones que permitieran revirar.
El Presidente no trabajará voluntariamente por la reconciliación. Acentuará su resolución de ser líder de una parte del país. Armará nuevos teatros de polarización. Inevitablemente su línea, excluyente y agresora, generará nuevos conflictos internos en su campo y profundizará las deformaciones del proceso: el culto a su propia persona, la concentración del mando, la eliminación del debate y de la disidencia, la corrupción de la nueva clase y el manejo de una agenda que no incluye temas como el combate a la inseguridad, al costo de la vida o la escasez entre sus prioridades. El delirio "revolucionario" no deja lugar para nimiedades.
El poder se abroga una encarnación de la voluntad popular que ni tuvo en las elecciones parlamentarias ni alcanzó en este Referendo. Tiene un significativo sostén electoral que merece reconocimiento y atención. Pero no cuenta con un certificado de mayoría, ni es invencible.
La base popular de la V República piensa distinto a la oligarquía revolucionaria. Los puntos de vista que adquirieron relevancia pública con la posición de la Conferencia Episcopal; la labor de los medios independientes de producción de opinión pública; las declaraciones de Baduel, de Marisabel, del padre Palmar o la altiva contestación de los militantes y dirigentes de Podemos son un patrimonio cívico colectivo, una conciencia crítica en expansión.
Allí nacen los espacios inmediatos para la convivencia, la solidaridad y una reconciliación para preservar la vida privada, familiar y social. Mejor si el gobierno alienta la unidad como coherencia plural de la nación.
Recobrada la confianza en el voto, refrescada la esperanza gracias a la rebeldía estudiantil, rebajada la desconfianza hacia los partidos surgen condiciones para recrear alternativas de más justicia social, mejor calidad de vida y genuina libertad. El país, aliviado, celebra que frenó la fuga hacia el abismo. Tal Cual digital
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