Recientemente estuve en una asamblea de comerciantes, altos ejecutivos y profesionales. Expuse mis razones para votar NO. Después, una dama que se identificó como abogada y ex consultora jurídica de una institución pública, me deslizó un papelito donde consignaba una refutación a mi posición. Rezaba así: "Votar en el referéndum equivale a votar en el caso de una persona a la cual van a fusilar. ¿Cómo se puede votar si en Venezuela está prohibida la pena de muerte?" El argumento, aunque parece tonto, es el mismo que, con más sofisticación, sostiene que no se puede "legitimar" con el voto un acto inconstitucional, que arranca de un fraude a la Constitución. En el ejemplo del paredón, debe suponerse que la abogada que lo empleó, es de las personas que no pudiendo impedir el fusilamiento por otros medios pero teniendo la oportunidad de hacerlo mediante el voto, se abstendrían, dejando morir al infortunado: ella no podría convalidar un acto ilegal. No importa que la persona muera, nuestra abogada habrá preservado la pureza virginal de su alma legalista. Es lo mismo cuando nos remitimos a quienes se niegan a "legitimar" con su voto un acto inconstitucional. Llegado el referéndum, ellos se abstendrían. La pureza de sus principios constitucionalistas se habrá salvado. No importa que muera la República, con tal que se salve el alma de nuestro abstencionista. Con adversarios así, Chacumbele no necesita partidarios: Chávez forever SIMÓN BOCCANEGRA
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