Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

jueves, octubre 18, 2007

La sociedad mínima (Simón García)

La expulsión de líderes estudiantiles y actrices de la Sesión pública de la Asamblea Nacional ha podido pasar como una trifulca sin consecuencias. Aunque doblemente reprobable por la ventaja del número y la intolerancia protegida, la agresión se produjo en el borde de "las trompadas estatutarias".

Pero la pantalla del televisor mostró algo más que empujones y puñetazos.

Desplegó otra imitación del debate, con oradores cuidadosamente seleccionados y hasta una conveniente disidencia parlamentaria que luego presenta disculpas de cordero por el atrevimiento.

Las imágenes, más expresivas que la realidad, traslucían la falta de libertad de expresión. Sobre los personajes caía la sombra que acalló a Roberto Hernández, transmutó a los diputados de Podemos en lacayos o siquitrilló a Ameliach por el gusto de hablar pistoladas.

El mismo ambiente de impotencia que revuelve al PSUV.

La astilla de hostilidad también alcanzó a periodistas que cubrían el acto. Y tenía que suceder porque las agresiones exteriorizaban la doctrina oficial de que la verdad y la razón son atributos exclusivos del poder. La lógica revolucionaria ordena que las opiniones contrarias sean primero descalificadas y después suprimidas.

Es la misma lógica que conduce de la omnipotencia del Estado a la concentración unipersonal y absoluta de poder en quien ostenta su jefatura.

Un fenómeno cuya otra cara es la reducción de la sociedad en tamaño, funciones y derechos.

En la sociedad mínima la democracia no es una vivencia relevante. El Estado puede actuar contra su propia Constitución. Escoger los funcionarios que deberían ser producto de elecciones.

Es la sociedad la que sirve al aparato burocrático. Se prescinde de la opinión pública. Se impone un centralismo democrático sin la democracia.

El Estado engloba, controla y dispone el ocio, la educación, la religión, el trabajo o las vacaciones.

El ogro filantrópico se evapora ante la bestia del Leviatán. El poder autoritario se concentra en controlar todo para que nada lo controle. Yen perdurar por la fuerza.  Tal Cual digital 18-10-2007

simongar48@gmail.com

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