Si hay una palabra que define de manera precisa al estudiante universitario, es la palabra disconformidad. Ella encierra esa mirada crítica de la sociedad y del mundo que le lleva a ser vigía de los procesos que ocurren a su alrededor y otorgado protagonismo en el devenir de cualquier país. Así lo hemos visto desde los días del movimiento universitario de Córdoba (1918), que cambió los esquemas sobre la Universidad y su relación con la sociedad.
A casi 90 años de distancia temporal, esa masa estudiantil -hasta hace poco considerada por algunos sectores remedo de aquella "juventud bobalicona" cuartarepublicana-, volvió a estremecer la calle; al exigir el respeto a los derechos consagrados en la Carta Magna, incluyendo la autonomía universitaria. Se avivó la llama contestataria como la brizna encendida en una llanura reseca, alimentada por clichés y consignas.
Como autoridad rectoral sin temor al burdo gracejo de tildarnos desestabilizadores y conspiradores- apoyamos las luchas reivindicativas de los estudiantes; pero también hacemos un llamado a la reflexión sobre su rol fundamental en los procesos políticos-sociales del país y de cambio en la Universidad, con la finalidad de hacer una lectura que permita entender el momento histórico que vive la Nación. No estigmatizar sus luchas, ni reprimirlas en forma violenta, y dejar que se expresen libremente, siempre y cuando les asista la Ley y la razón. Por eso, celebramos que órganos del Estado atiendan sus solicitudes y les den respuestas positivas.
Es también el momento preciso para expresar el sentimiento institucional de las autoridades universitarias nacionales en defensa de la autonomía universitaria, de cara al futuro y en un contexto transformador nunca antes visto o por lo menos no tan intenso y dinámico como en el tiempo presente, tratando de evitar -a todo evento- tener que decir como los estudiantes argentinos en el Manifiesto de Córdoba, "la ciencia frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa".
La pasión con que actúan los estudiantes, es la expresión del espíritu de la "Generación del 28" y su movimiento solidario que -influenciado por las nuevas corrientes del pensamiento y la lucha social- abrió cauces al horizonte político nacional. De hecho, de esas jornadas históricas surgieron importantes líderes e intelectuales que marcaron los destinos de la Venezuela del siglo XX. La voz del bardo tocuyano Pío Tamayo -desconocido para las actuales generaciones- aún retumba en el Teatro Municipal de Caracas, cuando dijo que le habían arrebatado una novia y esa novia era la libertad.
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