Acabar con la descentralización política y administrativa del Estado se ha convertido en uno de los nuevos objetivos de Hugo Chávez. Le incomoda que, a pesar de contar con la inmensa mayoría de los gobernadores y alcaldes, ellos no sean designados, como en el pasado, por el todopoderoso Presidente de
Resulta que la "revolución bonita" está impulsando uno de los movimientos más retrógrados, conservadores y reaccionarios que puedan plantearse en una sociedad, que hace casi 20 años decidió desmantelar la pesada e ineficaz maquinaria centralista. La elección directa de los gobernadores, la creación de la figura del Alcalde y su escogencia por la vía del sufragio universal y secreto no fueron un regalo del Poder Nacional, sino una conquista de la provincia, catalizada en aquel momento por
Para que la descentralización política se lograra, se requirió el apoyo decidido de los medios de comunicación y de muchos dirigentes políticos, entre ellos diputados representantes de la provincia y senadores, algunos de los cuales hoy forman parte del proceso bolivariano y se les ve muy entusiasmados apoyando la aberración planteada por el primer mandatario.
La descentralización política ha tenido muchas virtudes. La elección de las autoridades regionales modificó la línea de lealtades de los gobernantes de provincia. A partir de su aplicación a quien había que responder, en primer lugar, era a los electores de cada entidad federal, no al Presidente de
En buena medida el gobierno del comandante Chávez ha representado una tragedia para el país porque él llegó a Miraflores sin ningún tipo de experiencia en el campo administrativo. Si hubiese sido previamente Gobernador o Alcalde, habría tenido la oportunidad de saber, por ejemplo, qué es un presupuesto, a partir de cuáles criterios técnicos se elabora, cómo se establecen las prioridades, cómo se obtienen los recursos, cómo se evalúan el impacto y los resultados, qué debe hacerse para optimizar los recursos disponibles, y cómo y cuándo introducir los correctivos adecuados. Su inexperiencia, junto a su ideología comunista, ha traído más desolación y miseria al país. Si hubiese sido Gobernador o Alcalde probablemente hoy no estaría planteando la vuelta al ominoso pasado de la centralización y el presidencialismo más rancio y caudillesco.
La descentralización administrativa representa la otra cara del proceso. A los gobernantes electos mediante el sufragio popular había que transferirles competencias y recursos financieros, pues el dispositivo legal imperante colocaba en manos del Estado central la mayoría de las atribuciones. Este proceso se llevó a cabo a a través de un conjunto de reglamentos nueve en total- que pautaban el procedimiento de la transferencia. El propósito consistía en impedir que la descentralización condujera al desmantelamiento y la anarquía del Estado. Se contemplaban, además, algunas instancias de negociación y acuerdos entre el nivel nacional y los gobiernos subnacionales. La experiencia, compleja y difícil al comienzo pues se carecía de conocimiento previo, arrojó de inmediato resultados altamente positivos. La salud pública mejoró de manera notable en estados como Carabobo, y la educación en entidades como Mérida. Los problemas, desde luego abundantes, se encararon de manera conjunta. Por primera vez la relación vertical entre los distintos gobiernos se estableció sobre la base del respeto y la colaboración.
El ataque a la descentralización por parte de Chávez comenzó hace mucho tiempo. El Consejo Federal de Gobierno contemplado en
La recentralización propuesta por Hugo Chávez constituye un salto a
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