Las autoridades del BCV manejan la institución con absoluta falta de transparencia, porque una junta directiva de un banco central en un país medianamente civilizado ya habría informado a la sociedad acerca de las causas de tan pronunciado descenso de sus activos externos, en particular cuando su saldo actual es inferior al valor que esas mismas autoridades publicitaron como "nivel adecuado de reservas internacionales" y cuyo estudio técnico mantienen como un secreto de Estado, al negarse a publicarlo.
Conviene insistir que las reservas internacionales del BCV son respaldo de la moneda y los billetes en circulación y que si ese respaldo se erosiona, la consecuencia es una tendencia a la depreciación de la moneda con toda la carga inflacionaria que ello comporta. Exactamente eso es lo que ha venido sucediendo recientemente al apreciarse en la economía venezolana presiones inflacionarias que no se pueden ocultar ni reprimir con el empleo abusivo de organismos tributarios ni la fuerza armada. En la medida en que la cantidad de bolívares en manos del público aumente y se reduzcan las reservas internacionales, como se aprecia en el gráfico, el resultado natural es que el tipo de cambio implícito aumenta. Esta situación exacerba presión sobre el tipo de cambio oficial por cuanto cada vez es más evidente que el BCV no podrá seguir proveyendo las divisas necesarias para sostener la cotización oficial y, como consecuencia de ello, las expectativas de devaluación incrementan la demanda de moneda extranjera. Como nadie quiere llegar tarde a la entrega de dólares preferenciales que otorga Cadivi, se acentúa la demanda y las reservas caen más todavía. En otras palabras, está cantada una devaluación del tipo de cambio oficial y todo lo hay que determinar es cuándo sucederá. No será en 2007, por factores coyunturales, pero el evento ocurrirá, con alta probabilidad, durante 2008.
En estas condiciones de deterioro de la base sobre la cual se sustenta la emisión de monedas y billetes por parte del BCV, la reconversión monetaria arrancará en enero de 2008 con una desventaja manifiesta y el bolívar fuerte no será más que un simulacro de moneda que pronto sucumbirá cuando la inflación reprimida se termine de manifestar. El haberse lanzado a la aventura de una reconversión monetaria sin previamente realizar cambios institucionales que aseguraran una posición fiscal viable y sin haber adoptado medidas de orden presupuestario y monetario para asegurar que la tasa de inflación decline, va a socavar aún más la credibilidad de unas autoridades monetarias cuya reputación está en el suelo, porque en lugar de cumplir su mandato de luchar contra la inflación optaron por financiar el déficit fiscal, primero con utilidades cambiarias ficticias y luego con la entrega de las reservas internacionales. Ahora no pueden esperar otra cosa sino el rebrote inflacionario que actualmente se observa.
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