Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

viernes, abril 13, 2007

Discutiendo los biocombustibles

Marco Aurélio García. Asesor especial de Política Externa del Presidente de la República Federativa de Brasil, Lula da Silva.
La revolución energética está en curso sin oponer biocombustibles a combustibles fósiles
Los encuentros Bush-Lula en São Paulo y en Camp David, han provocado una discusión inusitada sobre el rol de los biocombustibles en la matriz energética mundial.
Fidel Castro ha criticado el uso del etanol y del biodiesel, así como otros presidentes amigos de Brasil. Para Castro, el etanol, sobretodo a partir del maíz, beneficia el consumo de los ricos y "quema de alimentos" destinados a los pobres.
La opción brasileña por los biocombustibles tiene historia. Ganó densidad a partir del 2003 y estuvo presente en los diálogos de Lula con sus colegas latinoamericanos en los últimos años. De esos contactos resultaron iniciativas concretas con Bolivia, Uruguay, Ecuador, Haití y Venezuela.
El interés de Estados Unidos por esa alternativa energética ha dado mayor visibilidad al tema. Es comprensible y legítimo que gobernantes críticos con relación a la administración Bush aprovechen la oportunidad para realzar sus diferencias con Washington.
Las opciones energéticas de Brasil no deben, empero, ser convertidas en escenario para discusiones político-ideológicas, como si estuvieran configurados dos campos opuestos en las Américas. La cooperación en biocombustibles con Estados Unidos es válida y no altera la política exterior de Brasil en la región.
Integración
En San Pablo y en Camp David, Lula reiteró nuestro énfasis en la integración sudamericana. Afirmó que la región vive un momento privilegiado, con gobiernos democráticos, fuertemente legitimados por el voto popular, movidos por una preocupación reformadora que ha permitido incluir a millones de hombres y mujeres duramente golpeados por la aventura neoliberal que asoló la región.
En Estados Unidos, Lula explicó por que esta opción energética ocupa lugar central en Brasil, un país autosuficiente en petróleo, que tiene más del 60% de su energía eléctrica de origen hidroeléctrica, muy pronto, autosuficiente en materia de gas, y que, además, posee programas avanzados en los dominios solar, eólico y nuclear.
Desafíos
El Gobierno brasileño está convencido de que los combustibles renovables permiten enfrentar cuatro grandes desafíos.
Primero, la crisis energética que afecta la humanidad, incluso a los países desarrollados, y que, en nuestra región, constituye una amenaza al desarrollo. En África, Asia, América Central y en el Caribe los biocombustibles son alternativa al déficit energético de países golpeados por la estagnación y la dependencia externa.
Segundo, dar respuesta al problema del desempleo y de la concentración de la renta. Generando millones de puestos de trabajo, los biocombustibles permiten expandir y mejor distribuir la renta, sobretodo si, como dispone la legislación brasileña, la agricultura familiar es estimulada. Fija el hombre a la tierra y reduce los anárquicos flujos migratorios.
Tercero, ayuda a reducir el calentamiento del planeta. Como combustible, o como aditivo a los combustibles fósiles, el etanol y el biodiesel reducen la emisión de elementos poluyentes.
Por último, establece las bases para una industria de nueva generación, capaz de producir nuevos materiales, medicamentos, abonos y alimentos para animales.
Ejemplo brasileño
El ejemplo brasileño indica que el riesgo de que los programas de biocombustibles contribuyan para el aumento del hambre no es cierto. El hambre no resulta de la falta de alimentos. Resulta de la falta de empleos y de renta que afecta a mil millones de hombres y mujeres. Como nos recuerda el sociólogo Emir Sader, hoy día se producen alimentos suficientes para 12 mil millones de personas.
La experiencia brasileña igualmente muestra que las tierras destinadas a la producción de materia prima para el etanol y el biodiesel no son adecuadas para el cultivo de alimentos. Menos de un quinto de las 320 millones de hectáreas de tierra arable de nuestro país esta siendo cultivada. De ese total, solamente el 1% se destina a la caña de azúcar, o sea, 65 veces menos que los millones de hectáreas de pastos degradados, en donde ese cultivo se está expandiendo. Brasil no va a transformarse en un enorme cañaveral.
No hay cualquier riesgo para la Amazonía, una región desfavorable para la agricultura con finalidades energéticas y donde logramos considerable reducción de la deforestación.
Cuidado especial
Evidentemente, la producción global de biocombustibles merece cuidados. Es necesario seleccionar oleaginosas cuya exploración con fines energéticos no provoque elevación del precio de bienes alimentares, como está ocurriendo con el maíz. A diferencia de la caña de azúcar - sobretodo después de los avances de productividad resultado de años de investigación-, el maíz no es adecuado, económica y socialmente, para la producción de etanol.
Los biocombustibles no aumentan la dependencia de los países pobres en relación con los ricos. Al contrario, tienen un impacto positivo sobre la balanza comercial de los primeros, disminuyendo las importaciones y aumentando las exportaciones.
Finalmente, una rigurosa certificación pública de los nuevos combustibles de parte de los países productores - lo que podrá ser objeto de acuerdos multilaterales - evitará daños a la naturaleza y asegurará condiciones decentes de trabajo. Las legislaciones nacionales, como en el ejemplo brasileño, permitirán un equilibrio entre la unidad productiva familiar y las grandes plantaciones.
Revolución energética
Una revolución energética está en curso. Ella no opone biocombustibles a combustibles fósiles. Por lo contrario, propone una complementariedad entre los dos. Ella permitirá consolidar a América del Sur como la región de mayor y más diversificado potencial energético del mundo.
El diálogo debe sustituir la confrontación. La única pasión aceptable en este momento es aquella en favor de la unidad sudamericana y del bienestar de nuestros pueblos.

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