Desde que el presidente Chávez se acercó al presidente Bush en un corredor de la ONU para manifestarle "I want to be your friend", ha corrido mucha agua bajo los puentes. Era noviembre de 2001, apenas a un mes y medio de los dramáticos asaltos a Nueva York y a Washington, cuando parecía que EE UU estaba en condiciones de recibir el más humilde de los respaldos.
No fue así. El presidente Chávez, en un gesto impulsivo e inoportuno, había condenado una semana antes los ataques aéreos en Afganistán y mostrado en televisión fotografías de cadáveres de niños por los "errores de bombardeo de EE UU" comparándolos con el ataque a Nueva York.
El presidente de la gran potencia declinó entonces la graciosa aproximación del líder bolivariano al tiempo que enviaba una diplomática señal que indicaba que un gesto de cortesía y suplir petróleo no eran suficientes para olvidar y recibir la bendición de la Casa Blanca. Eran los tiempos de una política exterior iniciada por un José Vicente Rangel que presumía de su "atipicidad" como diplomático. Un eufemismo que encubría en realidad una ignorancia supina en asuntos internacionales.
El 11-A de 2002 fue el punto de quiebre en la relación con EE UU. No obstante, Chávez no desistió y designó a Roy Chaderton como canciller y a Ignacio Arcaya como embajador en Washington, dos diplomáticos de carrera comprometidos a abrirles las puertas de la Casa Blanca.
Ver y esperar
No fue así. El presidente Chávez, en un gesto impulsivo e inoportuno, había condenado una semana antes los ataques aéreos en Afganistán y mostrado en televisión fotografías de cadáveres de niños por los "errores de bombardeo de EE UU" comparándolos con el ataque a Nueva York.
El presidente de la gran potencia declinó entonces la graciosa aproximación del líder bolivariano al tiempo que enviaba una diplomática señal que indicaba que un gesto de cortesía y suplir petróleo no eran suficientes para olvidar y recibir la bendición de la Casa Blanca. Eran los tiempos de una política exterior iniciada por un José Vicente Rangel que presumía de su "atipicidad" como diplomático. Un eufemismo que encubría en realidad una ignorancia supina en asuntos internacionales.
El 11-A de 2002 fue el punto de quiebre en la relación con EE UU. No obstante, Chávez no desistió y designó a Roy Chaderton como canciller y a Ignacio Arcaya como embajador en Washington, dos diplomáticos de carrera comprometidos a abrirles las puertas de la Casa Blanca.
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A pesar de los esfuerzos de los nuevos funcionarios el Departamento de Estado no se inmutó. A medida que la diplomacia bolivariana iba reflejando, como un cardiograma, el temperamento mercurial del Presidente, la estadounidense se hizo cada vez más displicente hasta llevar a Chávez a un estado de exaltación personal que, en el proceso, ha hecho añicos las normas, los protocolos, las formas y las convenciones que han caracterizado las relaciones entre estados soberanos, desde que en la antigua Grecia se creía que el divino mensajero, Hermes, era la deidad del lenguaje y la diplomacia.
Por mucho tiempo EE UU ha permanecido más o menos indiferente a las provocaciones limitándose a hacer observaciones irritantes mientras Chávez hace boxeo de sombra y alardea de su poder petrolero y sus alianzas internacionales.
Esta semana, por primera vez, EE UU se trasladó al terreno de Chávez para confrontarlo con su misma táctica: el músculo financiero.
La alianza de EE UU con Brasil para suplir al mundo de un biocombustible alterno a la energía de hidrocarburos, negociar la eliminación de subsidios y respaldar la nación carioca para un puesto permanente en el Consejo de Seguridad es más seria para la ambición personal y el proyecto intercontinental de Chávez que la cursi invasión o la ridícula guerra asimétrica.
Una silenciosa pero efectiva diplomacia brasileña conduce a la alianza estratégica de mayor alcance del Hemisferio Occidental. Gracias a los temores que inspira Chávez en la región, Brasil obliga a EE UU a conceder más de lo que los proteccionistas republicanos estaban en condiciones de aceptar para desarrollar esta alternativa energética que afectará las exportaciones de Venezuela. ¿Cuánto más deberá pagar Venezuela en esta nueva confrontación económica con la potencia más rica del mundo? El acuerdo Antonio Simoes, director de la división de Energía del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, le declaró a The New York Times el pasado 3 de marzo que "el punto de convergencia en esta relación (con EE UU) es más densa y más intensa que cualquier cosa que hayamos visto en los últimos 20 ó 30 años. Brasil ganará, EE UU ganará y terceros países también ganarán". "Es una 'win-win- situation' para todos los involucrados" agregó.
Cierto. La asociación estratégica de EE UU y Brasil tiene sentido económico y político. Entre los dos países producen el 70% del etanol que se consume en el mundo. El de Brasil se extrae de la caña de azúcar y el de EE UU del maíz. Los costos de producción de Brasil son mucho menores que los de EE UU. Para proteger a sus productores EE UU impone tarifas a las exportaciones de Brasil.
Por mucho tiempo EE UU ha permanecido más o menos indiferente a las provocaciones limitándose a hacer observaciones irritantes mientras Chávez hace boxeo de sombra y alardea de su poder petrolero y sus alianzas internacionales.
Esta semana, por primera vez, EE UU se trasladó al terreno de Chávez para confrontarlo con su misma táctica: el músculo financiero.
La alianza de EE UU con Brasil para suplir al mundo de un biocombustible alterno a la energía de hidrocarburos, negociar la eliminación de subsidios y respaldar la nación carioca para un puesto permanente en el Consejo de Seguridad es más seria para la ambición personal y el proyecto intercontinental de Chávez que la cursi invasión o la ridícula guerra asimétrica.
Una silenciosa pero efectiva diplomacia brasileña conduce a la alianza estratégica de mayor alcance del Hemisferio Occidental. Gracias a los temores que inspira Chávez en la región, Brasil obliga a EE UU a conceder más de lo que los proteccionistas republicanos estaban en condiciones de aceptar para desarrollar esta alternativa energética que afectará las exportaciones de Venezuela. ¿Cuánto más deberá pagar Venezuela en esta nueva confrontación económica con la potencia más rica del mundo? El acuerdo Antonio Simoes, director de la división de Energía del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, le declaró a The New York Times el pasado 3 de marzo que "el punto de convergencia en esta relación (con EE UU) es más densa y más intensa que cualquier cosa que hayamos visto en los últimos 20 ó 30 años. Brasil ganará, EE UU ganará y terceros países también ganarán". "Es una 'win-win- situation' para todos los involucrados" agregó.
Cierto. La asociación estratégica de EE UU y Brasil tiene sentido económico y político. Entre los dos países producen el 70% del etanol que se consume en el mundo. El de Brasil se extrae de la caña de azúcar y el de EE UU del maíz. Los costos de producción de Brasil son mucho menores que los de EE UU. Para proteger a sus productores EE UU impone tarifas a las exportaciones de Brasil.
Eliminar estas tarifas y concentrarse en la producción y la tecnología brasileña luce como una posibilidad. Para Brasil será tan atractivo como descubrir enormes reservas de petróleo.
Los países del Caribe, considerados en los acuerdos, tradicionales productores de caña de azúcar, proporcionarían el insumo básico a cambio de un biocombustible que reduciría enormemente su factura petrolera y estimularía sus exportaciones.
Eventualmente el programa incluiría también a países africanos y asiáticos como Tailandia que cuentan con el mismo arraigo cultural en los cultivos de caña de azúcar.
Naturalmente, Simoes omitió que al único país que no le conviene esta 'winwin- situation' es a Venezuela, el país que prácticamente subsiste del producto que esta nueva alianza estratégica, con proyección global, aspira a sustituir.
¿ Qué pasó entonces con el eje Caracas- Brasilia-Buenos Aires? Parafraseando al primer ministro Palmerston de Inglaterra Lula podría explicarle a Chávez que Brasil no tiene aliados eternos ni enemigos perpetuos. Sólo los intereses de una nación son eternos.
El instrumento
Los países del Caribe, considerados en los acuerdos, tradicionales productores de caña de azúcar, proporcionarían el insumo básico a cambio de un biocombustible que reduciría enormemente su factura petrolera y estimularía sus exportaciones.
Eventualmente el programa incluiría también a países africanos y asiáticos como Tailandia que cuentan con el mismo arraigo cultural en los cultivos de caña de azúcar.
Naturalmente, Simoes omitió que al único país que no le conviene esta 'winwin- situation' es a Venezuela, el país que prácticamente subsiste del producto que esta nueva alianza estratégica, con proyección global, aspira a sustituir.
¿ Qué pasó entonces con el eje Caracas- Brasilia-Buenos Aires? Parafraseando al primer ministro Palmerston de Inglaterra Lula podría explicarle a Chávez que Brasil no tiene aliados eternos ni enemigos perpetuos. Sólo los intereses de una nación son eternos.
El instrumento
En política como en física toda acción tiene una reacción. La permanente exaltación revolucionaria del presidente Chávez, si bien pudo haber satisfecho sus ambiciones de proyección personal, las reacciones que provoca casi nunca coincididen con los intereses de la nación. Considérese los recientes anuncios de "nacionalizaciones" que desataron el pánico entre inversionistas y causaron el caos económico que devaluó la moneda e impulsó la inflación y el desabastecimiento, para terminar adquiriendo la CANTV y la Electricidad de Caracas siguiendo rigurosamente el estándar capitalista a través de la compra de acciones.
Por décadas Fidel Castro sirvió de instrumento de gobiernos latinoamericanos que lo usaron para formular una pública declaración de autonomía, independencia y soberanía con efectos domésticos e internacionales. La visita de Castro a las inauguraciones presidenciales se hizo parte del paisaje político de cada presidente que asumía el poder.
El presidente Chávez, el nuevo portador del mensaje político de algunos gobiernos, ha trascendido el Hemisferio Occidental y los límites de una mera declaración de principios. Para algunos jefes de Estado de la región Chávez le dice y le hace a EE UU lo que ellos no se atreven a decir por temor a consecuencias desagradables para sus respectivos países. Una consecuencia que al jefe de Estado venezolano no le preocupa.
Este es el caso del presidente Kirchner de Argentina quien, además de sustituir el Fondo Monetario Internacional por Chávez, permite también que el bolivariano lo sustituya en su protesta de amor y malquerencia con el presidente Bush que no incluyó a Buenos Aires en la visita.
Chávez es pues en Buenos Aires el portador de su propio mensaje exaltado y el de Kirchner quien no tiene el valor de hacerlo abiertamente.
Por décadas Fidel Castro sirvió de instrumento de gobiernos latinoamericanos que lo usaron para formular una pública declaración de autonomía, independencia y soberanía con efectos domésticos e internacionales. La visita de Castro a las inauguraciones presidenciales se hizo parte del paisaje político de cada presidente que asumía el poder.
El presidente Chávez, el nuevo portador del mensaje político de algunos gobiernos, ha trascendido el Hemisferio Occidental y los límites de una mera declaración de principios. Para algunos jefes de Estado de la región Chávez le dice y le hace a EE UU lo que ellos no se atreven a decir por temor a consecuencias desagradables para sus respectivos países. Una consecuencia que al jefe de Estado venezolano no le preocupa.
Este es el caso del presidente Kirchner de Argentina quien, además de sustituir el Fondo Monetario Internacional por Chávez, permite también que el bolivariano lo sustituya en su protesta de amor y malquerencia con el presidente Bush que no incluyó a Buenos Aires en la visita.
Chávez es pues en Buenos Aires el portador de su propio mensaje exaltado y el de Kirchner quien no tiene el valor de hacerlo abiertamente.
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