Y de todo, comandante, de todo lo que se mueve sobre y debajo de esta tierra.
Lina
De haberlo sabido Ismael García, no hubiese hablado ese día. Se hubiese quedado tranquilo esperando el momento. Pero no, él era así, de tanto esperar oportunidades a veces erraba y en lugar de oportunista terminaba siendo inoportuno.
¡Qué vainas se le habían ocurrido!: que si nada de pensamiento único, que un partido de la revolución pudiera conducir a una propuesta poco democrática, que si el MVR quería monopolizar todos los cargos de la dirección, que si había que defender la democracia; y la peor de las güevonadas que se le habían ocurrido: el socialismo es democrático.
Vainas que le habían quedado del MAS que antes eran útiles, pero que ahora no. Allí estaba ahora, agitado, incluso esa noche no durmió cuando se dio cuenta que los teléfonos (los suyos) no emitían más ( y probablemente no emitirían nunca más) ese tono que le había puesto cuando lo llamaba Él y que sólo lo identificaba a Él: "Qué triste seee oyeeee laaa lluvia... eeen los ranchos de caartón". Y es que del estado de ánimo del jefe sólo se enteró después de lo hablado en el seno del partido y luego de la rueda de prensa, por boca de un primo militar suyo que custodia la sala de baño de Él, el sargento García, quien lo llamó urgente y le dijo: "No sigas hablando, que el hombre está tronando desde esta mañana, amaneció con una erutadera que no lo dejó dormir como consecuencia de una tortilla que se comió anoche muy tarde".
Pero ya era tarde, después de mirar como un águila (ya sabemos que éste no caza mosca) y hacer el gesto cupular que lo caracteriza, lo que vino fue una andanada de insultos que se resumieron en esa palabra que ninguno de los que lo han acompañado quiere oír pronunciar, porque luego viene el destierro: "¡Traidores!", que además de su significación literal quiere decir: ¡idiotas!, ¡imbéciles!, ¡derechistas!, ¡fascistas!, ¡cretinos!, y mirando a un lado como si mirara hacia el PPT: ¡chupacobres!
Ismael tiene una compensación: ahora es celebrado, pero mala suerte, sólo por los más odiados por el poder que manda.
Ha quedado excluido, quedó por debajo de la línea divisoria de la historia, hasta Lina Ron, la que ha llegado a ser legendaria y famosa de tanto aplauso y jalar mecate al comandante, lo abandonó.
Hoy Ismael está abatido, ha sido víctima del líder total e insustituible, el dueño nada más y nada menos que de los mismísimos votos de Ismael.
Ahora Ismael ha caído en cuenta que él no tiene nada, que no vale ni los mil votos que sacó para diputado, porque esos son también de Chávez.
Ahora le reza una oración al santo padre Pío Pietrelcina, ora y ora: "Padre Pío, tú que fuiste un poderoso intercesor ante Dios en tu vida, y sigues ahora en el cielo haciendo bien e intercediendo por nosotros, líbrame de la lengua de este hombre y de su espantoso carácter, que deje ya de gritarme y decirme traidor; santo Padre Pío, intercede para que vuelva a llamarme, porque qué sentido tiene la vida y continuar con ella si Él me desprecia. Santo Padre Pío, no importa que desaparezcan los directores de cualquier vaina que mi dedo ha elegido de mi partido, pero haz que su iluminada autoridad no me desprecie y abandone. Amén".
Ismael siente la caricia, por primera vez, del verbo de Martha Colomina, la voz de trémula emoción de Patricia Poleo adulando su valentía, pero eso no compensa el terrible escalofrío que recorre su espalda cuando oye en Aló, Presidente el grito de: "Vete a la plaza Altamira, Ismael, vete con los tuyos, eres un traidor". "¡Carajo! -piensa Ismael- mala hora escogí para hablar de democracia".
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