La Navidad quedó secuestrada hasta nuevo aviso.
Es duro para la clase media gastar hoy trescientos mil bolívares en un pino canadiense y otros cien mil en adornarlo; sacar la caja del nacimiento y reponerlo, representa otros cien mil bolívares; hacer las hallacas, suman ciento cincuenta mil y dos botellas de Etiqueta para terminar la tarea, suman otros doscientos mil. Pero llegar a casa, observar las luces y respirar ese olor a pino mientras los regalos yacen al pie del arbolito, no tiene precio.
Tal vez el país está observando como declina una era y con ello se va la tradición que alimentó a las últimas generaciones.
En esa escuela del oeste iniciarán el programa ideologizante a partir de enero y dentro de algunos años, sus egresados recordarán la época decembrina como aquellos lejanos días cuando los venezolanos eran arrastrados por el consumismo bajo pretexto de celebrar el nacimiento del Salvador.
¿Feliz Navidad?
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