
Debe causar tristeza ser un intelectual chavista, tener que parir ideas para justificar la barbarie totalitaria. Muchos pensadores y poetas franceses -en los años 30- defendían a Stalin, aunque ya sabían que en la URSS nadie sobrevivía si no pensaba exactamente como él. Y el bueno de Sartre, abogado de Mao, repartía en París la propaganda que justificaba matar a todo el que no fuese rojo rojito.
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